Ganando poso

Me busco, me miro, me reconozco.

Intento mejorar, entenderme, encontrar la paz. Intento ser, procurar, mover. Motivarme y entender, eso es.

Buceo en mí y me interrogo. Gano peso y poso a la vez. Reconfiguro, aprendo. Desaprendo.

Me elevo, pero no olvido el suelo. En realidad, ni siquiera me elevo,  solo acelero en el suelo. Y lo sè, y lo acepto.

Me hago más mayor, pero solo por momentos. A veces soy joven, a veces a ese joven no lo encuentro. Pero no importa, porque gano poso a cada experiencia que tengo. Porque gano poso, y me acepto, con mis contradicciones (que sería del ser humano sin sus contradicciones).

Gano poso y me alegro, porque me entiendo. Porque crezco, olvido, recuerdo. Porque puedo, porque sé y porque debo.

Porque debo. Porque he aprendido a reconocerme y a aceptarme, a mejorarme, a alimentarme el alma. También a relativizar y a entender que en la vida siempre hay peajes.

Mochilas. Mochilas cargadas a tu espalda que a veces conviene dejar. Cicatrices que conviene ignorar, odios que es mejor no escuchar. Sanarse, curarse.

Ganar poso para poder pensar positivamente. Positivar.

No olvidar que tu fuerza es extraordinaria. Serenar.

Constituir tu mundo a base de incertezas que te llevarán adelante con firmeza. Indicar.

Ganar poso para encontrar la felicidad.

Y en ese camino, encontrarte a ti mismo.

Ganar poso para ganar. Ambicionar.

Ganar poso para andar. Fantasear.

Y en ese camino, poder mirar.

Ganar poso para aprender. Sapienciar.

Ganar poso para no embaucar. Honestidad.

Ganar poso para no engañar. Integridad.

Ganar poso para entender. Maravillar.

Ganar poso.

 

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