Maletas

Ahí están, esperando a ser usadas. Algunas ya ni recuerdan cuándo fue la última vez que vieron la luz, ocultas al fondo de un armario. Pero ahí siguen, esperando.

Hay muchos tipos de maletas. Las hay grandes, capaces de almacenar gran cantidad de cosas. Las hay medianas, que tienen en su punto medio, la virtud. Las hay pequeñas, que permiten tener solo lo imprescindible. Leer más

Un lienzo

El trazo a veces es más grueso, a veces más delicado. A veces el empastado es tan denso que no te deja avanzar el trazo. A veces, el pincel se desliza entre tus dedos de una manera vertiginosa. Tu pincel. Tu lienzo.

Tu lienzo es distinto al resto de lienzos que hace el resto de la gente. Hay muchos tipos de lienzos. Algunos tienen lienzos velazquianos, otros rubenescos, y hasta flamencos. Pero apenas ya se pintan Van Goghs, ya no hay Kandinskys.

Caravaggio asoma tenebrosamente, cada día más. La cabeza de Medusa asoma en cada esquina. La luz, al calor del cuchillo, está a la orden del día. Y la gente no cree en sus lienzos. Incrédulos, como Santo Tomás, necesitan tocar la herida. Y cuanto más grande, mejor.

Pero también hay lienzos de Málevich. Negros colores enredados en nebulosas que se reproducen hasta el infinito. Mentalidad negra en cuadrados negros. Lienzos negros en cabezas negras, luchando por salir al exterior.

Tu lienzo ha pisado todas las etapas de la pintura de la vida. Málevich nunca se va, pero sabes que la Noche Estrellada te llena de calma.

Quizá todo sea una tumba de girasoles, como la de Van Gogh. Quizá todo sea un Juicio Final sixtino. Como un paisaje tormentoso cerca de Flandes. Como el calor de una fragua. Como una balsa de Medusa. Como un autorretrato.

Ya no hay libertades que guíen al pueblo, pues el pueblo no quiere ser guiado y la palabra libertad se ha prostituido. Sigue amando a Caravaggio y te da la buenaventura. Ya no hay prostitutas como en la cabeza de Lautrec, pero en la calle se siguen viendo más besos de Judas. Como decía, siguen amando a Caravaggio.

Pinta el lienzo de tu vida, pinta hasta que toda la gama de colores sea utilizada. No abuses de los tonos oscuros, no lo merecen.

Que tu lienzo brille e inspire. Que lo pongan en los mejores museos de los corazones de la gente. Que no lo olviden, que lo recuerden.

Tú eres tu lienzo y tu lienzo es tú. Usa la paleta de colores necesarios para ser lo que quieras ser. Olvida los tonos oscuros. No lo merecen.

Siempre es buen momento para pintar…

Señor X

El Consejo de Administración se encontraba reunido. El sol brillaba a través de las grandes ventanas del despacho situado en la planta 155 del la Torre Towers. Todos los consejeros tenían papeles en las manos, esperando a que el Señor X abriera la boca.

– ¿Y bien?, dijo el Señor X.

Los consejeros empezaron a removerse.

– Nuestro candidato ha sido solvente, señor. No se ha movido de los márgenes establecidos y ha conseguido ser eficiente en la propuesta, dijo el consejero delegado.

– Además, continuó otro de los consejeros, nuestra opción B sigue a la espera de órdenes en caso de que nuestro candidato tenga algún tipo de remordimiento.

– Pero sabemos que no es así, musitó otro.

– Sabemos que no es así. Sabe lo que se juega. Sabe las consecuencias.

El Señor X daba caladas a su gran puro mientras escuchaba a sus consejeros.

– ¿Medios de comunicación?, inquirió el Señor X.

– Como siempre, señor. Lo que digamos. Cuando digamos, dijo uno de los consejeros, agazapado tras sus gafas.

– Tanto Y como Z saben qué deben hacer. Han hablado ya con C y D y estaría todo dispuesto en cuanto diéramos la orden.

– Maravilloso, dijo el Señor X. Maravilloso.

Levantándose de su silla, el Señor X prosiguió hablando.

– Señores, hoy es un gran día para la democracia. El pueblo ha hablado y nosotros hemos sido magnánimos con lo que demandaban de nosotros. Hemos sido firmes en las convicciones y hemos sabido dirigir la nave con precisión, sin fisuras. Salvando el país otra vez más. Todo por ellos. Todo. Por. Ellos.

El Señor X se dio la vuelta y siguió fumando de cara a la ventana mientras los consejeros se iban, desapareciendo uno tras otro por la puerta.

Un gran día para la democracia.

El telefonó sonó y el Señor X se acercó el auricular a la oreja.

– Tiene una llamada del presidente, señor, dijo su secretaria.

– Gracias, H, pásemelo.

Al otro lado de la línea se oía una voz mezcla de euforia y nervios.

– Señor, como usted había dicho, todo ha salido bien. Todo está como usted ha dispuesto.

El Señor X colgó el auricular y reflexionó durante unos segundos. Sabía que el presidente ya no le valía. Decidió hacer pasar a su consejero de confianza.

– Consejero, dijo el Señor X, active el Plan B. Nuestro candidato parece tener ínfulas de poder. Ya es hora del relevo.

– Así se hará, señor, dijo el consejero, haciendo una pequeña reverencia y saliendo del despacho.

El Señor X parecía estar ahora satisfecho. Era solo otro país más donde extender sus tentáculos de poder, esta vez con mayor facilidad si cabe. El mundo era perfecto y los planes encajaban. Pronto darían beneficios y él, como todos los señores X del mundo, habrían salvado al planeta de la anarquía.

155 plantas más abajo, una chica con un cigarro en la boca y un cóctel molotov en la mano izquierda, permanecía apoyada en la pared. Se subió el pañuelo del cuello hasta la nariz y comenzó a andar hacia la puerta del edificio.

Efectivamente, hoy era un gran día para la democracia.

El silencio del mundo

Desde la playa se oteaba un horizonte de estrellas. Ellas, tan lejanas, con su luz apagándose, testigas mudas de nuestro planeta. La noche inundaba todo y la Luna, en uno de sus escarceos nocturnos, dominaba la escena.

El rumor de las olas iba y volvía, calmado, muriendo en la orilla de la playa, con su rumor sordo. La arena, medio húmeda y medio seca, aguantaba mansamente cómo le lamían sus bordes, ahora salinos, en los que parecía descansar la Tierra de tanto girar.

A su lado aparecían los cuerpos, cadáveres que se esparcían a lo largo y ancho. Bloques de músculos, piel y huesos humanos que ya no exahalaban aliento.

La Luna iluminaba lo que el ser humano escondía: su vergüenza. Allí, en una playa remota donde los turistas suelen buscar su rincón para ser felices tostados al sol, el gris lunar señalaba los cuerpos de aquellos y aquellas que quisieron tener una vida mejor.

Días antes lo que casi no se puede llamar barco zarpó de un lugar remoto para el primer mundo. De las bocas, llenas ahora de arena con sabor a sal e insectos, brotaba una mezcla de miedo y ansiedad. El mar no hacía prisioneros, pues siempre escupe sus víctimas tarde o temprano.

La sangre entraba en ebullición mientras el primer mundo miraba como si no fuera con ellos. Otro día más. Otro momento más.

La Luna dominaba la escena, pero el mar era el protagonista principal, barrera natural de esperanzas y sueños. Su calmada marea era horas antes remolinos salvajes que se encorajinaban como cuando uno se pincha  con una flor. Su terrible y absoluta falta de empatía era el peaje a pagar. Algunos tuvieron suerte. Pero no hoy.

Hoy la Luna domina la escena en un horizonte plagado de estrellas, allá donde los turistas vienen a tostarse al sol en el primer mundo. En una tierra de cadáveres, de aquellas personas que se olvidan con la última novedad.

El mar iguala a todos. Hombres recios, mujeres fuertes, embarazadas, niños, bebés. Todos iguales con un destino igual de idéntico.

El rumor de las olas seguirá trayendo cadáveres a lo largo de la noche mientras la Luna, como un guardia urbano, controlará el tráfico de cuerpos.

El silencio mudo de la noche es el silencioso estruendo de la vergüenza. Tu vergüenza, quizás.

 

A los sin nombre.

 

Se avecina tormenta

Ella fregaba mientras el viento formaba remolinos alrededor de sus cabellos. Pronto el silencio dejaría de reinar en la casa. Pero mientras, ella respiraba hondo, metida en sus labores, sin olvidar lo que estaba a punto de pasar, más tarde o más temprano. Leer más

Poemsamientos 2019 (I)

 

1. Nadie, absolutamente nadie, sabe lo que va a pasar. Así que disfruta el viaje.
2. Quiérete. Mucho. Pero tampoco te agobies. a fin de cuentas, no vas a vivir eternamente. Pero quiérete.
3. Nunca obligues a alguien a que dé lo mejor de sí mismo. No estará preparado. Solo lo sabrá cuando lo sepa (heráclitamente hablando).
4. Da lo mejor de ti mismo. Sabrás cuando lo haces. Otro nivel de consciencia. Sé la mejor versión de ti mismo. Levanta el culo.
5. Coge todas tus frases motivacionales y tíralas por el retrete. Las cosas hay que hacerlas, no decirlas. Eso marca la diferencia.
6. El exceso de trabajo no sustituye la falta de talento. Pero trabaja. Mucho. Mucho.
7. Usa el imperativo como se debe. Lee y aprende. Fórmate. Sé una persona completa.
8. Sé bondadoso con los que necesitan tu ayuda. Pero no uses la condescendencia. Necesitan tu piedad, no tus lecciones. Si eso pasa, mereces lo peor. En serio, lo mereces. No eres mejor que nadie.
9. Sonríe. Vive. Lo mereces. No te autolimites. Pero no seas estúpido. Por favor, no lo seas.
10. Despliega toda tu energía y no esperes nada de nadie. Exígete a ti mismo. No pasa nada por ser débil. La debilidad es solo cuestión de perspectiva, hijos de puta.

y 11. Joyce tenía razón…

Abran las ventanas

La puerta se abrió repentinamente, golpeando con sus goznes sobre la pared. El aire, gélido a pesar de las altas temperaturas, se hacía con la habitación. Era cuestión de tiempo que pasara, pero él quería aprehender el momento. A su lado, nada más que un vaso de whisky con hielo y un cigarrillo a medio empezar.

Se levantó con la calma del que va a morir y dio unos pasos hacia la puerta. A cada paso que daba, más certeza y seguridad en su mirada. Apoyó una mano en el quicio de la puerta y miró hacia afuera. Respiró hondo, como si el viento transitara a lo largo de su cuerpo. En su última exhalación, cerró la puerta y se dio media vuelta en el momento justo en el que el viento se alejaba a través de la ventana.

Vio como el viento corría como cuando uno mira un cuadro de Patinir, fijándose en el fondo antes que en la imagen principal.

Otro día pasaba. Otro en el que no había nada que hacer. Se sentó de nuevo y apuró su vaso de whisky. Una calada al cigarro, un halo eterno durante unos segundos.

A su izquierda, el charco de sangre que dejaba el cadaver se extendía poco a poco por la habitación.

Pronto oiría sirenas. Solo era cuestión de esperar…

Dedicado a Kennedy Toole

El niño que llevas dentro

“Somos el tiempo que nos queda, la vieja búsqueda, la nueva prueba.
Yo tampoco sé vivir, estoy improvisando”
(letra extraída de la canción “Vivir para contarlo” del grupo “Violadores del Verso”)

Es complicado intentar llegar a entender por qué somos como somos. Qué nos mueve a hacer, o en algunos casos, a no hacer, según qué cosas. Tomar conciencia es un ejercicio tan exhausto como no obrar en consecuencia.
Por dónde empezar, por dónde intentar encontrar un discurso coherente que articule una sucesión de palabras. Cómo decir algo que merezca la pena decir. De todo eso es lo que se supone que uno debe escribir cuando aporrea el teclado.
Con el tiempo, uno traduce su rabia en incorformismo y nunca olvida al niño que lleva dentro (cómo pudiera, si con solo verse reflejado lo nota en cada espejo) y lo alimenta de recuerdos y sueños por hacer.
Pero hay gente que ha olvidado a sus niños, gente que tiene a angelicales personitas olvidadas en el más oscuro rincón de su alma por miedo a que les hagan daño, ignorando que justamente es eso lo que ellos hacen.
No existe nada bueno en pretender ser lo que no se es. Madurar no es ponerse corazas, eso no es cierto. Madurar es saber encontrar la virtud sin perder la perspectiva, nunca relegando a un segundo plano una fuerza de la naturaleza que llevas dentro.
Tu niño gordo quiere comer y debes alimentarle.
Puede que sean gordos, famélicos, feas, bonitas, con cicatrices en las muñecas, tuertos, cojos, o como quieran que sean, pero forman parte de ti y debes hacerlos brotar de tu interior. No existe fealdad en una sonrisa noble, ni el más profundo miedo en el puro odio. Hay que mirarlos como al enemigo que se planta ante ti y con respeto sabes que se merece ser tu igual, pues es casi una parte de ti.
En este mundo lleno de ruido y prisas donde cada uno secuencia su vida en función de la programación que toca hoy es casi ridículo pararse a pensar, reír, o incluso llorar. Y eso, es muy triste.
Dejen a sus niños salir, déjenles jugar. Olviden sus corazas, abran la puerta y permitan que la vida reciba lo que todos vosotros lleváis dentro, con vuestros miedos, vuestros anhelos, vuestra confianza.
Permítanles salir.
Sean niños.
Y olviden la brea del día a día.
Haganlo. Ya.
Salgan.
Mañana será tarde.

El hombre que vas a ser

“Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada”
 (Timo Cruz en “Coach Carter”)

“Madre de, esposa de, imagen ajena, espejo que proyecta mi invisibilidad. Voy gritar ¡MUJER! voy a vivir por mi misma”
 (Letra extraída de la canción “Línea de Fuga” del grupo Hechos contra el decoro)

Hay momentos que se tornan cruciales en tu vida y es algo que no puedes explicar con palabras pero que notas en tu cuerpo. La energía fluye aquellos días en los que notas que el momento llega, que la vida, por extraña que parezca, te ofrece oportunidades que debes saber ver. Esa capacidad de abrirse a lo desconocido con el corazón y la cabeza limpias, con la curiosidad por bandera y sin miedo a lo que pueda venir es lo que te permite avanzar, como hace millones de años permitió a seres humanos vivir en cuevas, buscar asentamientos o descubrir el fuego.

Pero la mayoría de las veces tú mismo te boicoteas tus propias oportunidades. Qué digo, salvo contadas excepciones, siempre eres tú el que pone trabas a tus sueños. Por la sencilla razón de que no crees que puedas alcanzarlos, que tu seguridad se tambalea cuando no eres consciente justamente que tu seguridad consiste en no estar seguro nunca.

Eres la fuerza proteica del Universo, te lo dije una vez, y hoy te lo repito. Eres la luz que alimenta estrellas y no al revés. Eres poderoso, un guerrero que debe alimentar su alma para que pueda expresarse de todas las maneras posibles.

Pero tienes miedo, lógico. Solo aceptando que el miedo solo es un obstáculo que tú mismo te has impuesto, que tu energía debe fluir en todas las direcciones y caminos, llenando de vitalidad todo lo que toca, cuando descubres que la felicidad está en los pasos que recorres mientras buscas la felicidad, entonces es cuando empiezas a vivir.

Tienes miedo a convertirte en lo que puedes ser hasta que, cojones, dejas de tener miedo. Y una silueta aparece en tu cabeza, proyectando el hombre en el que te vas a convertir. La excitación crece, las pulsaciones se agitan, la emoción se desborda. Sabes quien puedes ser y, ahora sí, sabes lo que quieres ser.

El mundo se prepara para un hombre nuevo. Un hombre capaz de ser más completo y más sabio en el camino que le toca andar. Un hombre con una fuerza tal que ni la naturaleza podrá frenarlo.

Lo tienes en ti.
Siempre lo has tenido en tí.
Aliméntalo.
Deja que el guerrero
salga.

16 de junio de 1904: El día que la historia de la literatura cambió

“Majestuoso, el orondo Buck Mulligan llegó por el hueco de la escalera, portando un cuenco lleno de espuma sobre el que un espejo y una navaja de afeitar se cruzaban. Un batín amarillo, desatado, se ondulaba delicadamente a su espalda en el aire apacible de la mañana. Elevó el cuenco y entonó: Introibo ad altare Dei.

Este es el principio de la novela que revolucionó toda idea conocida anteriormente. Su autor, un dublinés en aparencia prepotente y cascarrabias, elaboró una novela que como él mismo decía tendría ocupados por mucho tiempo a los estudiosos.

Cuando James Joyce se propuso ser escritor, pensó en escribir una novela en diez años. Con semejante propósito no llegaría muy lejos en principio. Las continuas revisiones de su primera novela (relatos cortos más bien) Dublineses, le trajeron de cabeza durante mucho tiempo. Además, la continua falta de dinero heredada por su familia, no ayudó mucho.

James Joyce empezó a dar clases como profesor de diversos idiomas para costearse los gastos. Mientras todo esto se sucedía, Joyce intentando parir una obra magna, tener que dar de comer a sus hijos con trabajos de profesor y demás, no se encontraba solo. Con todos ustedes, Miss Nora Barnacle.

Cuando Joyce y Nora huyeron juntos de Dublín, la gente pensaba que Nora pronto volvería, que no sería capaz de soportar a un hombre del caracter y temperamento de James Augustine Joyce. Parecía pues destinado al fracaso el matrimonio entre una camarera analfabeta y el (probablemente) mayor intelecto que ha pisado Europa en el siglo XX.
Como suele ocurrir muchas veces, la masa se equivocaba. Nora demostró una fé y lealtad a Joyce a prueba de bombas. Lo cual demuestra otra cosa: El amor no entiende de otra cosa que no sea el mismo amor. Lo demás, nada importa.

Otro día se hablará aquí de manera más profunda sobre la vida de James Joyce. Hoy sólo queremos detenernos en el momento en el que el mundo de la Literatura dejó de girar, en ese libro que alguna gente calificó como La muerte de la Literatura.

Borges dice de Joyce (es obligatorio hacer referencia a Borges cuando dice algo de un escritor) que Joyce es, literalmente, un genio. Desde aquí no sólo estamos de acuerdo sino que se nos queda corto el calificativo.

Cuando Joyce, ya conocido anteriormente por trabajos como Dublineses, y sobre todo Retrato del artista adolescente decidió aunar en un libro la historia de la Literatura, se antojaba del todo imposible. Tras arduos meses y años en busca de estilos y profundizando en exceso en los libros que han poblado la humanidad, Joyce pudo tener en sus manos el día 2 de Febrero de 1922, día de su 40 cumpleaños, el primer ejemplar del Ulysses.

En realidad, Ulysses fue publicado por entregas en Estados Unidos unos años antes, pero no se pudo finalizar su publicación por la Little Review porque el Gobierno lo censuró cuando iban por el capitulo XIII.

La gente suele comentar que Ulysses es un libro muy complejo y aburrido. Desde aquí desechamos esa idea; Es más, no sólo no es aburrido, sino que es muy divertido. Sólo hay que tener paciencia. Amigos, esto no es Dan Brown, no es una bazofia.

Cierto es que Ulysses tiene de entrada varias cosas que pueden echar para atrás al lector poco paciente o novato, como su variedad de estilos, algunos muy difíciles a simple vista, o su estructura narrativa algo compleja. Todo eso queda superado en cuanto vemos el camino con claridad, y entonces el libro se ve tan claro como un día despejado y ya no es sólo un libro: Es un acto de fé.
Formalmente, Ulysses es la transposición de la Odisea de Homero a los tiempos actuales de la época, es decir, 1904. Esencialmente, va mucho más allá. En él se encuentran 18 estilos distintos (uno por capítulo), desde la pregunta-respuesta hasta el teatro, pasando por el momento cumbre del libro: El monólogo interior de Molly Bloom que cierra el libro, y en el cual no encontramos ni un signo de puntuación; Es la historia de un héroe del siglo XX, Leopold Bloom, amante, cornudo, onanista, padre, amigo, judío y demás cosas que le hacen ser vulnerable, alejado de la estética antigua del héroe clásico. Es la historia de Stephen Dedalus, erudito confeso en busca de la gloria artística; Es la reconstrucción de Dublín, de sus gentes, sus modos de hablar, de pensar, de sentir (se dice que si Dublín fuera asolada y no quedara vestigio de ella, podría reconstruirse de manera perfecta gracias a Ulysses); Pero sobre todo, es una historia de amor. El amor que sintió Joyce por Nora Barnacle.
Ulysses dura sólo un día. Ese día es 16 de Junio de 1904. El día que Joyce tuvo su primera cita con Nora Barnacle.

Baste para explicar esta afirmación las últimas palabras del monólogo de Molly Bloom, pensando en cuando Leopold Bloom le pidió matrimonio (No hay signos de puntuación):

“y el Gibraltar de mi niñez cuando yo era una Flor de la montaña sí cuando me ponía la rosa en el pelo como hacían las muchachas andaluzas o me pondré una roja sí y cómo me besaba junto a la muralla mora y yo pensaba bien lo mismo da él que otro y entonces le pedí con la mirada que me lo pidiera otra vez sí y entonces me preguntó si quería sí decir sí mi flor de la montaña y al principio le estreché entre mis brazos sí y le apreté contra mí para que sintiera mis pechos todo perfume sí y su corazón parecía desbocado y sí dije sí quiero Sí.”

El amor de Joyce hacia su mujer, Nora Barnacle, sirvió para moldear unos personajes que pasaron a la posteridad, para fabricar la mejor novela que el ser humano ha hecho, y también para que se celebre cada 16 de junio en Dublín un acontecimiento en honor a Joyce que rememore el libro: El Bloomsday.

16 de Junio de 1904.