Abran las ventanas

La puerta se abrió repentinamente, golpeando con sus goznes sobre la pared. El aire, gélido a pesar de las altas temperaturas, se hacía con la habitación. Era cuestión de tiempo que pasara, pero él quería aprehender el momento. A su lado, nada más que un vaso de whisky con hielo y un cigarrillo a medio empezar.

Se levantó con la calma del que va a morir y dio unos pasos hacia la puerta. A cada paso que daba, más certeza y seguridad en su mirada. Apoyó una mano en el quicio de la puerta y miró hacia afuera. Respiró hondo, como si el viento transitara a lo largo de su cuerpo. En su última exhalación, cerró la puerta y se dio media vuelta en el momento justo en el que el viento se alejaba a través de la ventana.

Vio como el viento corría como cuando uno mira un cuadro de Patinir, fijándose en el fondo antes que en la imagen principal.

Otro día pasaba. Otro en el que no había nada que hacer. Se sentó de nuevo y apuró su vaso de whisky. Una calada al cigarro, un halo eterno durante unos segundos.

A su izquierda, el charco de sangre que dejaba el cadaver se extendía poco a poco por la habitación.

Pronto oiría sirenas. Solo era cuestión de esperar…

Dedicado a Kennedy Toole

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