Xabi Alonso se va del Real Madrid sin que nadie tenga claro, quizá ni él mismo, a qué jugaba su equipo. Todo muy confuso en un club que si por algo se ha distinguido es por tener las cosas muy claras en cuanto al juego: lo importante es ganar, el juego viene después. Se va Xabi Alonso sin haber podido enseñar un ápice de lo que practicaron sus equipos en San Sebastián, con un filial de la Real Sociedad que practicaba un fútbol alegre y sobre todo sin mostrar la presión y velocidad que ejercía su Bayer Leverkusen en la Bundesliga.

El fichaje de Xabi Alonso por el  Real Madrid tenía un aire de contraculturalidad nada romántica y sí más acorde a los nuevos tiempos. Acabado el tiempo de Carlo Ancelotti en el conjunto de Chamartín buscar un sucesor, tras el retiro de Jürgen Klopp, no era fácil. Y es que el Real Madrid se ha regido por dos tipos de entrenadores: aquellos que tenían una ascendencia alta entre los jugadores, desde Molowny a Zidane pasando por Del Bosque y el propio Carletto, o por la búsqueda de un entrenador más resultadista, por decirlo de algún modo, que saque rendimiento a la plantilla que tiene sin demasiados alardes, como puede ser el caso del italiano Fabio Capello. En el Real Madrid, a los entrenadores que han querido instaurar su propia metodología o han buscado soluciones distintas, no les ha salido bien.

No le salió bien a un Mourinho que a pesar de ganar una Liga no fue capaz de marcar una época de éxitos que sí vinieron después, no lo fue Pellegrini, quien tras el Alcorconazo y la despiadada carnicería de Inda en Marca estuvo sentenciado, no lo fue Benítez intentando que el Madrid fuera lo que no es el Madrid.

Y es que muchas veces se olvida algo: el Real Madrid no es como el resto de equipos, no se rige por parámetros normales, pues su singularidad en el fútbol es única. No se es el mejor club del siglo XX y se levantan 15 Champions League si no se tiene claro qué funciona. El problema es que ahora el Real Madrid, en mucho tiempo, apostó por un entrenador que quería hacer algo distinto con una plantilla que no era la adecuada a su idea.

Cabría preguntarse varias cosas. La primera, por qué el Real Madrid fichó a Xabi Alonso. O por qué luego no se realizaron fichajes asumibles a la idea del entrenador. Cabría pensar también si la hoja de ruta que tiene el conjunto de Chamartín es distinta a la de sus entrenadores a lo largo de la historia. Camacho salió rápido cuando vio cosas que no le gustaban. Pellegrini entrenaba a los jugadores que fichaba el club, no tanto los que él quería. Entonces, ¿por qué «sacrificar»a un entrenador joven, importante como jugador en el club, si no le van a dar lo que él necesita?

El Real Madrid, como bien se encargan sus aficionados de recordar, es su escudo y su historia. Y durante muchos años ha habido una fórmula que le ha funcionado: fichar estrellas consagradas que fueran resolutivas en ambas áreas. Lo del centro del campo lo comentaremos después. El Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento, el de Hugo Sánchez y el Buitre, el de los Galácticos, el de la BBC,  junto a porteros como Casillas o Courtois, salvadores de sus equipos.

El Real Madrid tenía esa hoja de ruta (que le daba y le da éxito) y se la saltó cuando en el Barça Xavi, Iniesta y Messi destrozaron al conjunto blanco por 2-6 en el Bernabéu. El Real Madrid, al igual que sucedió en el banquillo, tenía que hacer frente a la máquina de juego de los de Guardiola, y trazó un plan: el primero, Mourinho, con el objetivo de ser la kriptonita. Una vez alcanzado el nivel de enfrentamiento necesario y vista la salida del de Santpedor del conjunto blaugrana, el Real Madrid vio que tenía que hacer frente al Barça quitándole lo que más quería: el balón. Al tiempo que en Can Barça se comenzaba el viaje inverso: se fichaba a jugadores que preferían ocupar espacios a dominar el juego.

Y así llegaron Modric y Kroos y el Madrid se hizo todavía más eterno. Si antes era capaz de ganar, ahora ya encadenaba títulos como nadie en Europa.Si Xavi e Iniesta encumbraron al Barça, Modric y Kroos lo hicieron con el Madrid. Con la diferencia de que en Barcelona era algo excepcional y en el Real Madrid, acostumbrados a ganar y a sentirse los mejores, lo normalizaron, pues el Real Madrid siempre gana. Parece que olvidaron que cambiaron su hoja de ruta por una vez y dieron el mando a los del centro del campo.

Con Kroos retirado y el sempiterno Modric en Milan, el Madrid volvió a su viaje receta: fichar estrellas. La llegada de Mbappé provoca un efecto ya conocido en Chamartín pero que no va acompañado de lo que se tuvo hace poco: buen juego. Sumemos a eso un proceso lento de ciclo acabado con Ancelotti y muchas individualidades y llegaremos al punto de esta temporada: el Madrid no ficha a un gestor continuista o a un entrenador con un recorrido largo y consagrado. Ficha a un entrenador que lleva poco en la élite y que tiene una idea de juego que no se ha visto en el Real Madrid.

Así, todo el año ha sido un enfrentamiento entre lo que el entrenador quería, lo que los jugadores entendían o querían entender y lo que la afición demandaba. La directiva tomaba nota y seguramente alguien pensaría: ¿nos hemos equivocado? Sea como fuere, Xabi Alonso deja de ser entrenador del Real Madrid, un Real Madrid que sigue apelando a sus áreas como seña de identidad pero que tiene la sombra de Toni Kroos todavía muy alargada. Porque, como le sucede al Barcelona a día de hoy, cuando has tenido jugadores únicos que han puesto al club a otro nivel, lo demás parece poca cosa.

Perdió la selección española femenina la Eurocopa ante Inglaterra y mucha gente lo ha visto como un fracaso. Y eso es buena señal. Porque ya, por fin, entramos en el Siglo XXI a la hora de hablar del fútbol femenino y atrás quedan los prejuicios de la gente cuando ven a chicas jugando al fútbol. Ya, por fin, discutimos sobre sistemas y jugadoras. Ya, por fin, normalizamos el fútbol femenino en nuestro país.

Obviamente, siempre habrá gente que no pueda ver más allá de sus prejuicios, a ver si nos vamos a pensar ahora que todos los avances que han tenido las mujeres han sido fáciles. Siempre quedará ese poso narcisista-misógino de ver el fútbol femenino con desprecio. Ojo: no con dejadez o falta de interés (algo lícito), no: con odio.

Hoy no vamos a hablar de los traumas de los hombres, porque sería, de nuevo, opacarlas a ella y ver todo desde una visión androcéntrica de las cosas sólo hacer ver la mitad del paisaje. Hoy toca hablar de ellas y de fútbol. Porque siempre fue de eso: de jugadoras de fútbol, no de chicas haciendo algo de hombres.

Es interesante escuchar/leer debates sobre la idoneidad de Salma Paralluelo como nueve de referencia, pedir la titularidad de Athenea del Castillo o preguntarse por la suplencia en la final de Claudia Pina. Eso es, en definitiva, lo que se espera a partir de ahora, que queden atrás todos los comentarios sexistas y hablemos de fútbol. De  por qué Montse Tomé tomaba la decisión de cambiar de banda a Mariona y Pina en las fases previas, de por qué Alexia fue sustituida, de la gestión de la gran Sarina Wiegman y esa suerte inglesa en esta Eurocopa, que, parafraseando al inimitable Gary Lineker, parecía que el fútbol femenino era un deporte en el que jugaban once contra once y siempre ganaba Inglaterra. La pobre Jennifer Falk estará todavía tirándose de los pelos al parar cuatro penalties y fallar el suyo. Lo que hubiera cambiado la historia…

Pero hay equipos destinados a ganar un título, se quiera o no, se nota en el ambiente. Le pasó al Chelsea de Di Matteo, seguramente el peor equipo que ha ganado una Champions League, vapuleado en varios partidos pero con esa suerte necesaria en los momentos puntuales. Esta vez la suerte ha sonreído a una Inglaterra que ya venía apuntando sobre la misma cuando caía 2-0 ante Suecia. En ese momento, ya escribí en Bluesky que nadie diera por muertas a las inglesas. Y es que ese aura de invencibilidad que tienen algunos equipos en torneos cortos es imposible de controlar.

Las nuestras (porque sí, amjgo machista, son las nuestras. Sí, también Salma Paralluelo y Vicky López son de las nuestras, basura racista) no tuvieron fortuna en el lanzamiento de penalties y es una asignatura a mejorar sin ninguna duda. Tras ganar un Mundial y una Nations League, completar este triplete hubiera supuesto la consagración definitiva de un grupo de jugadoras que va cediendo el testigo a las nuevas. De Alexia a Pina, de Aitana a Vicky. Pero no queda duda de que todas están ya mirando la fecha de inicio del Mundial de Brasil en 2027. Ahí veremos de nuevo a la generación dorada de este deporte.

Además, es posible que este año el Balón de Oro recaiga en una jugadora que no sea española. No deja de ser gracioso que hace unos años el fútbol femenino en España era residual y ahora nos preguntemos quién ha hecho más méritos para ganarlo. Es lo que pasa cuando llevamos cuatro años seguidos levantando el trofeo. La mujer con más opciones es Mariona con su título en Champions con el Arsenal, pero parece que alguna compañera suya en el equipo gunner estará mejor posicionada.

Si bien alabábamos antes a una Wiegman capaz de gestionar a sus jugadoras con la paciencia necesaria para que el partido fuera poco a poco decantándose hacia su lado (Chloe Kelly puede valernos de referencia), nuestra seleccionadora ha podido gestionar algo mejor ciertas cuestiones tácticas. Especialmente, por la suplencia de Claudia Pina en la final, por una Athenea del Castillo que revolucionaba los partidos y ha sido clave, pero que al darle la titularidad relegaba a la de Moncada a la suplencia, en la que probablemente sea el primer torneo con gran relevancia para Pina. Y es que Pina es, seguramente, la mujer que coja el relevo de Aitana y Alexia, igual que Iniesta lo hacía de Xavi.

Además, podemos sumar los comentarios de Mapi León sobre la elección de Salma como nueve, lo que nos devolvería a una cuestión sana: en el fútbol femenino ya, por fin, se habla de fútbol-fútbol, de lo que sucede en el campo, de por qué unas juegan y otras no, de qué sistema se busca, de qué podemos mejorar para el futuro. Y cada vez, aunque siempre haya algún retrogrado onanista de sí mismo que nos los recuerde en su cueva, va quedando más lejos todo el ruido externo y misógino.

Veremos si Montse Tomé sigue. Veremos el relevo generacional (posiblemente en Brasil 2027) y si ese relevo es capaz de seguir al mismo nivel que esta maravillosa generación que ha conseguido ilusionar a todo un país. Valoremos su desempeño y reconozcamos a esta generación como un tesoro a cuidar. Y que vengan más éxitos.

David Silva siempre tenía un regate de más. Un regate corto, seco, generalmente hacia su pierna menos buena, para luego dejar un pase franco en bandeja a un compañero. Un jugador que tenía tan claro en la cabeza lo que quería que se desarrollara que siempre fue diferente. Leer más

«El año pasado, Touré cubrió las espaldas de los pequeños. Por eso creo que erraría gravemente Guardiola si se cree que Busquets puede cubrir ese puesto. Busquets, con Touré, perfecto; sin él es insuficiente.» -Luis Racionero, marzo de 2010.

«A un toque eres el mejor del mundo. A dos toques, eres muy bueno. A tres, ya eres discreto”-Pep Guardiola a Sergio Busquets.

Sergio Busquets deja el Fútbol Club Barcelona y una montaña de títulos detrás. Un jugador de otra época, lento en sus desplazamientos, sin una gran colección de tatuajes en su cuerpo ni una nominación al Balón de Oro. Por no tener, parece que no tiene ni los músculos desarrollados.. Un nombre que era familiar en Can Barça y no precisamente de manera positiva. Un jugador espigado, hijo de un portero extravagante, que llegó a la vida del aficionado culé en uno de los mejores partidos que el Barça practicó tras varios años de neblinas.

Fue un 1-1 ante el Racing de Santander en la segunda jornada de liga. Su presentación en el Camp Nou en un partido en el que la mayoría de aficionados culés se tiraban de los pelos por las ocasiones falladas ante los racinguistas tras la derrota inicial en Los Pajaritos frente al Numancia. En el banquillo, Pep Guardiola, con el soci con la mosca detrás de la oreja tras tan terrible comienzo. En el palco y en la pluma, Johan Cruyff, que recuerda en las líneas de El Periódico que el Barça pinta «muy, muy bien». Como siempre con el genio neerlandés, había una parte de verdad y otra de defensa a uno de los suyos. Y aunque no fuera capaz de predecir la tremenda locura que fue el paso de Guardiola por el Barça, Johan tenía razón: el Barça pintaba muy bien y el joven Busquets tenía un aire a su entrenador.

Y es que Busquets no se puede entender sin la figura de Pep Guardiola. Con el de Santpedor teniendo una visión clara de lo que quería pero limitada en tiempo y forma por las características de su plantilla y su propia experiencia, Sergio Busquets va entrando poco a poco. Y no tardaron en salir detractores. Porque hubo vida antes de Twitter.

«El año pasado, Touré cubrió las espaldas de los pequeños. Por eso creo que erraría gravemente Guardiola si se cree que Busquets puede cubrir ese puesto. Busquets, con Touré, perfecto; sin él es insuficiente» escribía el escritor Luis Racionero en 2010, quien remataba el artículo con una frase antológica: «Touré me parece imprescindible. Busquets, que es bueno, no tiene aún la clase suficiente para defender el medio campo del Barça. Guardiola se equivocaría gravemente si se dejara llevar por su favoritismo. Después de Xavi, el mejor medio del Barça es Touré Yaya». Se ve que Racionero no confiaba, ya no solo en el de Badía, sino tampoco en Andrés Iniesta.

Las críticas a Busquets arreciaron, como decíamos, pronto. Un buen futbolista como Yayá Touré, con gran recorrido y buen disparo pasaba muchas más veces de las deseadas por el banquillo y, en la recta final, formando parte como central. Un buen jugador, referente en el continente africano, relegado por un canterano que ni corría mucho, ni metía goles, ni ganaba duelos por físico ni casi parecía hacer nada. Y esa era la clave: que hacía todo lo que no aparecía en los dígitos de las estadísticas.

Busquets no solo parece un jugador de otra época sino que tampoco aparece en ninguna estadística de renombre en una época donde todo son datos. Mientras todo el mundo quiere llenar mapas de calor, goles, asistencias, kilómetros recorridos, Busquets se ha conformado con jugar bien al fútbol y hacer mejores a sus compañeros.

Sudáfrica es el mejor ejemplo. Y su segundo valedor, Vicente del Bosque.

La gran innovación de la selección española en la época de Del Bosque es la inclusión de Busquets y la coexistencia junto a Xabi Alonso tras el mando de Marcos Senna en 2008. Del Bosque, más precavido que el antecesor en su cargo, busca gestionar a dos jugadores que le permitan encontrar ese equilibrio defensivo en transición sin alocarse en ataque. Así, España es más solida en el Mundial y en la Eurocopa de 2012, pero menos atrevida en ataque. Y buscar la coexistencia de Busi y Alonso necesitaba de la comprensión del juego de ambos. Xabi Alonso, menos llegador en el Real Madrid que en su época en la Real Sociedad, vuelve a despegarse de la base, sabedor de que Busquets estará pendiente en el robo. Una España más entrelazada en zonas centrales que sin embargo tuvo que aguantar todas las críticas tras su derrota el 16 de junio ante Suiza, en el Bloomsday, el día que conmemora el Ulises de James Joyce, cuando el escritor irlandés y su mujer Nora Barnacle tuvieron su primera cita, en 1904. Tras ese partido tuvo que salir Del Bosque, cual Leopold Bloom paseando por Dublín, a desmentir que Busquets fuera un problema, incluso al mismo Cruyff, crítico con ese hábitat creado. «Si yo fuera jugador me gustaría parecerme a Busquets» dijo el seleccionador y las críticas rebajaron su tono. Varios 1-0 después, España era campeona del mundo. Y todo el mundo consideraba un acierto la unión de la pareja, algo que, posesión defensiva mediante, cristalizaría en 2012 con una Eurocopa donde Xabi Alonso cobraría un protagonismo grande. Detrás de él, Busquets, siempre pendiente de todo. Sin adjetivos hiperbólicos, sin ser una estrella rutilante de una galaxia lejana.

Se fue Guardiola, el Barça zozobró entre la melancolía y la enfermedad del malogrado Tito y volvió a encontrar la alegría en la mano de hierro de un Luis Enrique que tuvo que gestionar un vestuario y al «10» del Barça, tarea nada fácil. Con Neymar y Suárez, un equipo más voraz. Y un fichaje: Iván Rakitic, un interior distinto a lo que había tenido antes cerca.

Un Barça más partido, que viajaba junto menos veces que con Guardiola pero que tenía arriba la pegada de Mike Tyson. Irresistible negarse a eso. Más kilómetros que correr pero unas piernas nuevas al lado. Xavi como suplente y el croata llegando a las ayudas. Un gran primer año que fue abriendo fisuras en las cordadas culés que les habían llevado al Everest. Ya no se establecían campos base ni se intentaba llegar como lo hizo Edmund Hillary. Ahora tocaba la ruta a lo Ueli Steck, cuanto más rápido, mejor. Y Busquets iba llegando, con ayuda de oxígeno, a la cima.

Esa deriva con Rakitic se hizo más patente año tras año, con la salida de canteranos y la llegada de jugadores que abarcaban más campo pero en sus botas tenían menos calidad. Con presidentes salientes y entrantes, con Valverde en el banquillo apostando por el 1-4-4-2. Demasiados cambios, muchas revoluciones y una fragilidad mental sustentada en un Leo Messi a un alto nivel pero que no podía con todo. Con un Iniesta dando sus últimos pases y goles, solo Busquets y Jordi Alba parecían encontrar a un Messi contra el mundo al tiempo que Suárez se diluía en Champions. El Barça ganaba pero no daba ese paso definitivo a la hora de lograr un título europeo. Y por el camino, perdía juego. Messi tapaba mucho, pero no todo, en el campo.

Llegaron los problemas al palco (¿o siempre estuvieron allí?), el club sumido en problemas, la COVID-19 y una humillación europea que nadie olvidará en 100 años. El que menos, Quique Setién. Hora de pasar cabezas por el cadalso. Crisis institucional mediante y contratos faraónicos, tocaba apuntar a las vacas sagradas. Busquets no se iba a librar. Su sueldo, posición en la plantilla como capitán y su juego, siempre cuestionado en cuanto el Barça se hacía largo. No iba a haber vuelta atrás en el imaginario de muchos aficionados. Solo que con Busquets había un detalle extra que no tenían el resto de señalados.

Al parecer, su juego estaba obsoleto.

Se lee a veces que Busquets está acabado desde 2015, que no vale para este fútbol ¿moderno?, que tenía que haberse ido del Barça antes. Que si el contexto. Que si el Barça ya no puede practicar el juego de posición porque está obsoleto. Que si Busquets ha chupado del bote del Barça y no ha hecho ningún gesto por el club. A veces no queda claro si lo que enfada al aficionado es lo que pasa en el campo o lo que pasa fuera de él.

Se dice que el juego de Busquets ha quedado desfasado. Lo que no queda claro es por qué. Qué ha llevado a un jugador con una gran lectura de juego e intuitivo como pocos en cerrar espacios a, al parecer, ser una rémora para sus compañeros. Hay quien piensa que a Busquets le ha pasado con el fútbol de hoy en día lo que le pasó a Guardiola con Desailly: que el potente jugador francés lo arrolló una noche en Atenas. Pero eso sería demasiado simple en un jugador que si ha sido arrollado ha sido más bien por las decisiones de su club en el terreno de juego, incorporando jugadores que jugaban a otra cosa. Ante ese panorama, Busquets hizo lo mismo que en 2010 con Xabi Alonso: adaptarse y sobrevivir.

Desde hace unos años Sergio Busquets se coloca en el lugar que deja libre Frenkie De Jong, protagonista omnipresente de su propio partido, hiperactivo en todas las acciones. Que el neerlandés baja a recibir, Busquets se mete como interior, que lo hace como central,  el de Badía busca no partir al equipo. Igual que con Alonso, barrer su parcela. Se habla mucho de la importancia del contexto para Busquets, un jugador que ha tenido varios contextos en su vida y no ha salido mal parado en todos ellos. Como pivote posicional o como doble pivote acompañando a Alonso o De Jong, sin acaparar balón, lejos de las cifras. Y de los premios, pues nunca se vio recompensada su capacidad de hacer mejor al resto. De hecho, muchos consideran 2017 como el gran año de Busquets cuando en realidad lo que sucedía era que tenía que ser más protagonista con balón debido a los jugadores que tenía al lado. El mejor Busquets siempre ha sido el que nunca destacaba. El de 2010-2012.

Se va Sergio Busquets del Barça y el Barça tiene que pensar en quién cubrirá su hueco. De Milla a Busquets, pasando por Guardiola, ser el pivote del Barça siempre fue una posición clave para dar sentido a una idea de jugar. Veremos qué decide el club y a qué quiere jugar el Barça de Xavi Hernández. La marcha de Busquets no se traducirá en victorias o derrotas, sino en algo más profundo: en si un modo de jugar, que ha ido perdiendo piezas, va a encontrar recambios o se va a apostar por otra cosa.

Busquets ya era lento en su primer partido de liga. Y era tan lento, como bueno. Un jugador de otra época que, como comentaba el otro día un amigo entrenador, si ha perdido rendimiento en alguna faceta es con balón, no sin él. Porque nunca fue veloz llegando a cortar balones como Mascherano, ni hacia coberturas de treinta metros como Rakitic. Donde fue siempre el mejor fue robando en espacio reducido con el equipo unido. Y con el paso de los años, cada vez había menos gente unida alrededor de Busquets para robar el balón.

Se va Busquets y con él, el último bastión de un centro del campo que dominó Europa. El de los bajitos, con las espaldas cubiertas por el hijo de un portero extravagante.

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