Poemsamientos 2020 (I)

Hay que entender las señales. Pero no tenemos mapa para ello. Por lo tanto, todo es caos.

No se puede luchar contra las fuerzas del Universo. Por eso los juncos son sabios.

Enrarecerse, enmohecerse y luego descubrirse es algo que todo mortal debería hacer una vez en la vida. Quizá así entendería su camino y dejaría la crisálida.

No hacer nada exige tiempo y calidad de ese tiempo. Es todo un arte. Normalmente es imposible. Siempre hacemos algo. Siempre hay algo que hacer, al parecer. O cuanto menos, parecer que haces algo para no perecer.

La inanición es una cosa muy fea, así que mejor evitarla. No es algo obsceno, en todo caso, como los paseos desvergonzados de todos aquellos que gozan de etiqueta. La clase no se compra. Y el pueblo lo sabe.

Peor que la inanición es la innacción. Así que si quieres algo, deja de gimotear y haz lo que tengas que hacer. ¿A qué esperas?

A veces buceo en tus ojos. No necesito verte diariamente, solo necesito saber mirar en tus ojos. A veces esas cosas pasan. Eso se sabe, aunque yo no sé por qué.

Miedos, inseguridades. Aspectos que languidecen pálidamente dentro de lo que viene siendo tu cabeza. La Nada. La  melancolía, la puta nostalgia. Lo que hubo, hay y habrá, como si el tiempo y el espacio pudieran comprimirse. La nada desdeñable humanidad. No hay más que eso. Somos eso.

Pero también somos el aleteo del mundo contra el desprotegido, los que, a través de la empatía y el ejemplo, otorgan fuerza a este mundo sombrío. La Tierra no nos necesita pero palidece sin nuestro color. Quizá hasta eso sería bueno, pero mientras podamos bailar, bailemos.

Y a ti, que lees esto, sonríe. Ya es un paso. Ahora respira hasta que el aire te llene el estómago. Vive cada momento con la determinación con la que juegan los niños. Vive.

 

 

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