Otro año más, el Atlético de Madrid se prepara para una carrera contra Real Madrid y Fútbol Club Barcelona en la lucha por intentar levantar el trofeo doméstico más importante. Por otro lado, junto a Betis, Villareal y los dos equipos mencionados anteriormente, intentarán escalar esa montaña que se resiste desde hace tiempo que es la Champions League. Leer más

Ha vuelto José Mourinho al Santiago Bernabéu y aunque cabe preguntarse el porqué de su vuelta, parece claro que Florentino quiere hacer la misma hoja de ruta que cuando el Barça de Guardiola saqueaba Europa. La diferencia ahora, notable especialmente en lo mediático, es que el de Santpedor no está en el banquillo catalán, ni los voceros como Inda tienen espacio para la acción. José Mourinho vuelve al Bernabéu pero con mucho menos fuego que apagar. Leer más

Volvió a rodar el balón y el Barça comenzó goleando a un Elche que dejó demasiados espacios a la espalda de su defensa para que Raphinha y Gordon lo penalizaran lo suficiente para tener un resultado abultado. Todavía es pronto para saber qué pueden hacer los dos conjuntos en esta Liga pero con la llegada de Rodri puede que el Barça esté identificando las carencias que ha ido teniendo en estos últimos años. Leer más

Xabi Alonso se va del Real Madrid sin que nadie tenga claro, quizá ni él mismo, a qué jugaba su equipo. Todo muy confuso en un club que si por algo se ha distinguido es por tener las cosas muy claras en cuanto al juego: lo importante es ganar, el juego viene después. Se va Xabi Alonso sin haber podido enseñar un ápice de lo que practicaron sus equipos en San Sebastián, con un filial de la Real Sociedad que practicaba un fútbol alegre y sobre todo sin mostrar la presión y velocidad que ejercía su Bayer Leverkusen en la Bundesliga.

El fichaje de Xabi Alonso por el  Real Madrid tenía un aire de contraculturalidad nada romántica y sí más acorde a los nuevos tiempos. Acabado el tiempo de Carlo Ancelotti en el conjunto de Chamartín buscar un sucesor, tras el retiro de Jürgen Klopp, no era fácil. Y es que el Real Madrid se ha regido por dos tipos de entrenadores: aquellos que tenían una ascendencia alta entre los jugadores, desde Molowny a Zidane pasando por Del Bosque y el propio Carletto, o por la búsqueda de un entrenador más resultadista, por decirlo de algún modo, que saque rendimiento a la plantilla que tiene sin demasiados alardes, como puede ser el caso del italiano Fabio Capello. En el Real Madrid, a los entrenadores que han querido instaurar su propia metodología o han buscado soluciones distintas, no les ha salido bien.

No le salió bien a un Mourinho que a pesar de ganar una Liga no fue capaz de marcar una época de éxitos que sí vinieron después, no lo fue Pellegrini, quien tras el Alcorconazo y la despiadada carnicería de Inda en Marca estuvo sentenciado, no lo fue Benítez intentando que el Madrid fuera lo que no es el Madrid.

Y es que muchas veces se olvida algo: el Real Madrid no es como el resto de equipos, no se rige por parámetros normales, pues su singularidad en el fútbol es única. No se es el mejor club del siglo XX y se levantan 15 Champions League si no se tiene claro qué funciona. El problema es que ahora el Real Madrid, en mucho tiempo, apostó por un entrenador que quería hacer algo distinto con una plantilla que no era la adecuada a su idea.

Cabría preguntarse varias cosas. La primera, por qué el Real Madrid fichó a Xabi Alonso. O por qué luego no se realizaron fichajes asumibles a la idea del entrenador. Cabría pensar también si la hoja de ruta que tiene el conjunto de Chamartín es distinta a la de sus entrenadores a lo largo de la historia. Camacho salió rápido cuando vio cosas que no le gustaban. Pellegrini entrenaba a los jugadores que fichaba el club, no tanto los que él quería. Entonces, ¿por qué «sacrificar»a un entrenador joven, importante como jugador en el club, si no le van a dar lo que él necesita?

El Real Madrid, como bien se encargan sus aficionados de recordar, es su escudo y su historia. Y durante muchos años ha habido una fórmula que le ha funcionado: fichar estrellas consagradas que fueran resolutivas en ambas áreas. Lo del centro del campo lo comentaremos después. El Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento, el de Hugo Sánchez y el Buitre, el de los Galácticos, el de la BBC,  junto a porteros como Casillas o Courtois, salvadores de sus equipos.

El Real Madrid tenía esa hoja de ruta (que le daba y le da éxito) y se la saltó cuando en el Barça Xavi, Iniesta y Messi destrozaron al conjunto blanco por 2-6 en el Bernabéu. El Real Madrid, al igual que sucedió en el banquillo, tenía que hacer frente a la máquina de juego de los de Guardiola, y trazó un plan: el primero, Mourinho, con el objetivo de ser la kriptonita. Una vez alcanzado el nivel de enfrentamiento necesario y vista la salida del de Santpedor del conjunto blaugrana, el Real Madrid vio que tenía que hacer frente al Barça quitándole lo que más quería: el balón. Al tiempo que en Can Barça se comenzaba el viaje inverso: se fichaba a jugadores que preferían ocupar espacios a dominar el juego.

Y así llegaron Modric y Kroos y el Madrid se hizo todavía más eterno. Si antes era capaz de ganar, ahora ya encadenaba títulos como nadie en Europa.Si Xavi e Iniesta encumbraron al Barça, Modric y Kroos lo hicieron con el Madrid. Con la diferencia de que en Barcelona era algo excepcional y en el Real Madrid, acostumbrados a ganar y a sentirse los mejores, lo normalizaron, pues el Real Madrid siempre gana. Parece que olvidaron que cambiaron su hoja de ruta por una vez y dieron el mando a los del centro del campo.

Con Kroos retirado y el sempiterno Modric en Milan, el Madrid volvió a su viaje receta: fichar estrellas. La llegada de Mbappé provoca un efecto ya conocido en Chamartín pero que no va acompañado de lo que se tuvo hace poco: buen juego. Sumemos a eso un proceso lento de ciclo acabado con Ancelotti y muchas individualidades y llegaremos al punto de esta temporada: el Madrid no ficha a un gestor continuista o a un entrenador con un recorrido largo y consagrado. Ficha a un entrenador que lleva poco en la élite y que tiene una idea de juego que no se ha visto en el Real Madrid.

Así, todo el año ha sido un enfrentamiento entre lo que el entrenador quería, lo que los jugadores entendían o querían entender y lo que la afición demandaba. La directiva tomaba nota y seguramente alguien pensaría: ¿nos hemos equivocado? Sea como fuere, Xabi Alonso deja de ser entrenador del Real Madrid, un Real Madrid que sigue apelando a sus áreas como seña de identidad pero que tiene la sombra de Toni Kroos todavía muy alargada. Porque, como le sucede al Barcelona a día de hoy, cuando has tenido jugadores únicos que han puesto al club a otro nivel, lo demás parece poca cosa.

Desde el comienzo de la temporada 2025-2026 se viene hablando de los cambios que está realizando el Manchester City de Guardiola en distintas parcelas, desde el relevo en la dirección deportiva de Txiki Begiristain por Hugo Viana a la llegada como segundo entrenador de Pep Lijnders, muy distinto en la concepción del juego en comparación a Juanma Lillo. En el club citizen algo se estaba pergeñando y ahora está comenzando a rodar.

Del comienzo del Manchester City se han oído y leído muchas cosas. Que si Guardiola ya no juega igual que antes (no los jugadores, sino el propio Guardiola, al parecer), que si ahora les está dando más libertad (sea eso lo que crean que sea los apóstoles de no entender el juego de ubicación), que si contragolpea en exceso (ningún sentido) o que se está traicionando a sí mismo (como si el de Santpedor no mutara en cada temporada que dirige a su equipo). Parece que nadie, o casi nadie, ha caído en que a estas alturas de temporada, tras un Mundialito de Clubes en unas épocas estivales que no se saben qué consecuencias a medio y largo plazo pueden tener más las lesiones propias de una temporada y una puesta a punto de todos sus efectivos, Guardiola ha estado probando y toqueteando todo lo que le han dejado.

Ha probado a meter algo más de llegada desde segunda línea, con un Reijnders que mejora en prestaciones a Kovacic (si exceptuamos la capacidad de batir líneas conduciendo del croata), ha dado minutos a Nico tras la ausencia prolongada de Rodri y hasta ha comprado un portero nuevo, Donnarumma. Incluso decidió encastillarse en el Emirates ante un bravo Arsenal que le arrancó un empate. Guardiola ha estado mirando las posibilidades de su equipo y las ha estado estirando, deformando y recomponiendo. Y además, el estado de forma de Erling Haaland ha llevado a pensar en que el City ha cambiado más de lo que ha cambiado en realidad.

Porque el City ha cambiado, obviamente, pero no del modo que se comenta. Cambia porque evoluciona y progresa, porque mira en el pasado (como siempre ha hecho Pep) para avanzar en el futuro, porque tiene una estrategia operativa para cada partido al tiempo que su equipo interioriza la forma de jugar. Cambian las piezas, se modifica el envoltorio, pero algunas cosas permanecen.

Y lo que permanece, es un interior posicional.

Con tanto gol del noruego Haaland, con la llegada de Donnarumma y su tembleque con los pies que no poseía Ederson, con la llegada de un asistente afín a Klopp, con su partido ante los gunners mencionado anteriormente, se ha ido construyendo un relato que es una media verdad y que obvia lo que está sucediendo en el Manchester City y que es, de todo lo que hay, lo más importante: Phil Foden está jugando como interior.

Guardiola ha ido mostrando el camino y el inglés lo ha recorrido a fuego lento, con calma, viendo a De Bruyne, a Gündogan, a interiores dominantes. Foden ha ido aprendiendo y asentándose como quien no quiere la cosa en la posición de interior. Mientras el ruido se iba a Reijnders de una portería a otra, a una cabalgada de Haaland, a un detalle de Cherki (que ójala confirme todo lo que apunta) o un regate de Doku, Foden se iba acercando a ubicaciones más cercanas al centro, alejándose de la banda, como queriendo tener la pelota sin quitar protagonismo al último (de momento) valedor de la idea de Guardiola, Bernardo Silva. El paso definitivo antes de que el luso le entregue las llaves del equipo a un Foden que determinará el futuro del juego citizen en el próximo lustro. Ése es el movimiento casi imperceptible que se difumina entre tanto ruido, el más importante.

¡El City con extremos por dentro! ¡Cinco jugadores cerca del balón! ¡Guardiola ya no es Guardiola!. Todo el mundo alborotado sin entender que 1) Guardiola (y el resto de entrenadores del planeta) utilizará la estrategia operativa que requiera en cada partido 2) que en el Barça ya juntaba mucha gente por dentro, véase Iniesta partiendo de banda y Messi jugando de falso nueve y 3) que Guardiola nunca fue el Guardiola que tú tienes en tu cabeza. Y además, que a principio de temporada, todo es probar y desarrollar porque, como escribe el maestro Perarnau, Guardiola se ha dado tiempo.

Como Miles Davis, Guardiola va cambiando el modo de ver su fútbol mientras el mundo del fútbol sigue intentando preguntarse todavía qué hacía en 2015. 1000 partidos después, sigue en la vanguardia del fútbol mundial. Y mientras eso pasa, Phil Foden juega por dentro junto a Bernardo Silva, alejado del ruido y destrozando rivales.

Sergio Busquets decide no continuar su carrera y poner punto y final a una trayectoria que nadie, ni siquiera él probablemente, hubiera pensado. De los campos de Tercera División a un sextete en poco más de año y medio, el hijo de Carles Busquets, seguramente el portero más estrambótico que ha vestido la elástica azulgrana, dice adiós a la pelota. Se retira un jugador único, aquel que siempre se encontró cómodo en el segundo plano.

Guardiola y el primer año

Tras la derrota en Soria el Barça de un joven Pep Guardiola encara su primer partido en casa ante el Racing de Santander. Un partido que acaba en 1-1 donde todas las voces culés empiezan a torcer el gesto ante un entrenador inexperto, que triunfó en Tercera pero que Primera División le queda grande. Bueno, todas, no. Johan Cruyff escribe una columna, ya histórica, donde remarca lo bien que jugó el Barça ese día. Y escribe lo siguiente sobre Busquets: » Técnicamente superior a Touré y Keita. Posicionalmente, apariencia de veterano. Con y sin balón. Con balón hizo fácil lo difícil: dar salida a uno/dos toques. Sin balón, otra lección: la de estar en el sitio justo para interceptar y recuperar corriendo lo justo. Y eso siendo joven e inexperto. Los mismos pecados que su técnico.» Cruyff, para consternación del culé acomplejado que nunca termina de estar tranquilo aunque gane todo, daba en el clavo un 15 de septiembre de hace 17 años definiendo a un crío canterano en dos líneas. Algo sabía el bueno de Johan.

A partir de ahí el equipo despegaría y la labor de Busquets, al lado de un gran jugador como Yaya Touré, sería esencial, máxime al pasar Touré a la posición de central. El primer año de Busquets como profesional es inimaginable. Muchos habrían dado toda su carrera por la mitad de lo que le pasó a Busi en el año 2009.

El mejor Busquets es el que no se ve

La máquina creada por Guardiola coge velocidad de crucero en una temporada 2010 arrolladora que sólo un partido de ida en Milán ante el Inter de Mourinho (con todos los condicionantes que hubo) impide la posibilidad de levantar la Orejona. En 2011, la gloria les sonríe de nuevo en la exhibición de su equipo en Wembley ante el Manchester United.  En todo ese tiempo, Busquets, siempre lejos de los focos, de los premios, de las alabanzas, es un eslabón indispensable. Lo mejor de Busquets siempre fue que nunca necesitó nada para ser esencial, siempre limpiando aquellas zonas despobladas, siempre cerca del compañero, siempre atento a todos los posibles fallos en el sistema colectivo culé.

Se habla a veces que el mejor Busquets fue el que tuvo que asumir responsabilidades que no le tocaban tras la salida de Xavi e Iniesta, donde su peso como jugador que daba el último pase era más acusada, pero esa apreciación es errónea por la sencilla razón de que Busquets tenía que realizar lo que antes no tocaba porque el Barça se había alejado de los postulados que le hicieron grande. Martino salvó los muebles como pudo, Luis Enrique lo engrandeció de nuevo, pero Valverde vino con otras ideas.Y Busi, como siempre, se tuvo que adaptar, al ver que sus compañeros no eran capaces de hacer algo que sí hacían los compañeros que tuvo años antes.

No molestar para que brillen otros

Se suele comentar que Busquets necesitaba una especificidad concreta para que pudiera ser relevante, como le pasaba al Guardiola jugador, pero eso es una verdad a medias. Obviamente, Busquets no ha tenido en su carrera una capacidad de traslación de balón rápida o un tiro prodigioso, pero tampoco era un torpe cuando se encontraba en otros ecosistemas. Sólo necesitaba una cosa: que el equipo viajara junto.

Por eso, cuando Del Bosque incluyó a Xabi Alonso en el once de la selección española a partir de 2010, Busquets cohabitó con él de una manera muy distinta a la que lo hacía con Xavi e Iniesta en Barcelona. Entendió que Alonso debía tener más libertad de movimiento y él seguir estando pendiente de que todo estuviera en orden. Al igual que cuando el croata Iván Rakitic llegó a Can Barça y desplazó a Xavi Hernández. Busi contaba con un compañero distinto al que había que adaptarse. Ambos equipos eran distintos al Barcelona de Guardiola pero seguían unidos por un nexo común, que era la querencia por el balón y las distancias de sus jugadores. Cuando Valverde hace saltar por los aires la organización interna que había antes, Busquets se convierte en un lanzador de pases a 30 metros, pero nunca fue su mejor cualidad. Más vistosa para aquellos que son incapaces de saber qué sucede en un partido y se fían solo de momentos puntuales del mismo.

Presión tras pérdida hacia delante

Todo el mundo en 2025 sabe de la importancia de robar la pelota al rival lo antes posible, pero no todos los pivotes son capaces de ir al robo de balón junto a sus compañeros. Y nadie como Busquets en eso, porque Busquets era capaz de saltar hacia delante igual que Xavi e Iniesta, sabedor de que, como la cordada de alpinistas, uno tira del otro y si los interiores se lanzaban como buitres al balón cuando no disponían de él, Busquets no iba a ser menos. Donde otros miraban desde la distancia, Busi avanzaba. Esa ha sido su gran contribución al fútbol, no necesariamente el primero, pero sí el que marcó el estilo de los pivotes en este principio de siglo.

Sergio Busquets, tan sencillo en el juego como complejo en la comprensión del mismo. El guardián entre el centeno que evitaba que sus compañeros se despeñaran por los precipicios.

Llegaba el París Saint-Germain a Barcelona recordando a todos los culés que el equipo parisino era el mejor practicando el juego de posición que se popularizó en la ciudad condal. Volvía Luis Enrique a la ciudad de Gaudí repleto de títulos y, al igual que Pep Guardiola, profeta lejos de su casa, demostrando que la idea, bien ejecutada, es posible en distintos equipos.

La lectura del partido

El partido no tiene una necesidad de ser sobreanalizado, pues la hoja de ruta del mismo es  relativamente simple: el Barça busca imponer un ritmo que se desboque con Lamine Yamal mientras que el PSG se autoorganiza a través de pequeñas situaciones que le dan ventaja para poder encontrar su propio ritmo y, con una eficiencia altísima en sus acciones con balón, someter al Barça que se ve sobrepasado enormemente. Esto en cuanto a la lectura del partido se refiere, para la cual se requiere entender las organizaciones internas del propio equipo, pues las organización culé difiere de la parisina en su estructura interna.

La organización interna

Con dos centrales con buena salida de balón  como son Eric García y Pau Cubarsí, el Barça es capaz de generar ventajas con balón. Esas ventajas son positivas pues eliminan rivales, pero que topan directamente con el siguiente escalón: las alturas de De Jong y Pedri, lo cual repercute negativamente en Dani Olmo, como vamos a explicar ahora.

Pedri y De Jong están ubicados más cerca en sus interacciones, al ser dos jugadores que apenas pierden el balón, eso se traduce en cierta fiabilidad del equipo para poder establecerse en campo contrario, con un pequeño déficit: no hay acompañante para Dani Olmo. Y eso penaliza a un jugador como Olmo, asociativo, rápido en toma de decisiones, que se tiene que ver abocado a buscar una solución más lejana en cuanto a sus compañeros se refiere. Esta asociación, con Pedri cerca de De Jong favorece la creación de una estructura que con un solo pivote en años anteriores no era necesaria, desplazándose ahora el centro de gravedad del equipo más atrás. Para buscar cierto equilibrio en las fases de juego, el Barça entonces necesita un jugador más resolutivo y menos asociativo, como es Fermín López, mucho más llegador, con más recorrido y más gol, el jugador más parecido a Thomas Müller en este Barça. Esto no es cuestión de ciencia, sino de ajustar las estructuras internas de tu equipo. ¿Qué sucede con la entrada de Olmo? Que habría que volver a desplazar el centro de gravedad más adelante para que la estructura le incorporara a él también, pero Flick no está por la labor de perder a su dupla estándar.

El PSG, por su parte, tiene una organización en la que Vitinha se basta y se sobra, mientras que Fabián colabora a la vez que profundiza y con un Zaire-Emery con una capacidad de traslación grande. Su estructura permite al equipo poder descansar en la armonía del saber que el equipo no se desmiembra si no quiere. Porque el PSG puede desmembrarse si lo considera oportuno. Luis Enrique ha creado un equipo capaz de ubicarse óptimamente al tiempo que puede ser letal  corriendo. Buena parte de culpa la tiene el fichaje del georgiano Kvaratskhelia, que, como le sucedía a Jack Grealish el City, daban pausa al vértigo del ataque. Sin él, Luis Enrique optó por pegarse cuando fuera necesario, sabedor de que Vitinha organizaba la estructura interna.

Ajustar a tu equipo

Un partido de fútbol es un relato de un libro y, como tal, tiene sus desarrollos. Y los cambios de jugadores y modificaciones tácticas hay que leerlas. Flick empezó a querer crear un dique en el centro del campo, acabando con tres mediocentros, que bien sirvió para poco, pues Luis Enrique decidió que su equipo fuera más cerca de la portería rival a la hora de tener la pelota. Si el Barça pensaba en poder tener la pelota, la presión alta de Hakimi y Fabián más el gobierno de Vitinha lo iban a hacer imposible. El PSG ajustó, pero sobre todo elevó su velocidad de balón, recordando por qué es el mejor equipo del mundo. Luis Enrique está construyendo en París una obra duradera que en Barcelona ya apuntó, intentando ser posicional pero a la vez contragolpeador según sea el ecosistema, por eso es, con el permiso de Guardiola, Klopp y Mourinho, uno de los mejores entrenadores del Siglo XXI.

Vitinha, Pedri y los escalones

El tiempo es un fiel consejero que hace que todo llegue. Vitinha luce en un ecosistema planteado por su entrenador donde se potencian todas las virtudes de sus compañeros, pero es que además es el propio Vitinha el que entiende lo que necesita cada uno. Dicho de otro modo, Vitinha es el jugador más parecido a Xavi Hernández tras su retirada, porque su cabeza guía el partido y no al revés. Por eso el portugués entendió que si Luis Enrique quería extremos abiertos lo que había que hacer era buscar por dentro para salir por fuera. Por eso comprendió que con sus compañeros siendo profundos el Barça se partiría al ir a presionar y el PSG, con una estructura de 3+1 tendría fácil salida. Fabián es un complemento perfecto para Vitinha en esta obra pergeñada por el entrenador asturiano, con cada vez menos fisuras.

Pedri es la gran esperanza de los culés, que sueñan con un nuevo Xavi e Iniesta desde el día que se retiraron, sabedores de que es una empresa imposible. Nadie se acerca a los dos mejores jugadores españoles de la historia, eso es imposible. Pero Pedri es un buen heredero del juego culé, cada vez más, pero con más problemas de los que parece, entre otras cosas por la organización interna, por su propia madurez y por tener que soportar comparaciones imposibles. La organización culé con Flick le acerca a una base que le permite tocar más balón, pero eso no es sinónimo de comandar el juego, especialmente en Europa, donde juegan los grandes. Para la Liga, no habrá problema, pero en Europa, someter una temporada entera está por ver, por más que enfriara el partido de manera espectacular en Newcastle y Paul Scholes dijera que es «Xavi e Iniesta en uno». Poco debió ver Scholesy a Xavi e Iniesta cuando ambos jugaban para poner tanta responsabilidad en un canario que está rompiendo a ser dominante desde el año pasado y aún así, ni en el Barça ni en la Selección, es el jugador sobre el que gravita la organización interna del equipo: en el conjunto culé, debe acercarse a De Jong para compensar las lagunas en el juego , en la selección, la extensión del entrenador es Fabián y Pedri hace lo mismo que hacía Busquets con Xabi Alonso en 2012, cubrir aquellas fases del juego donde se le necesitara.

Mientras que Vitinha domina y ejerce como tal, Pedri está en ello. Y bien puede serlo cuando todo pivote sobre él, pero estamos hablando de un jugador de 22 años al que le han puesto excesivas etiquetas.

Eric García- Pau Cubarsí, la pareja por llegar

Jugaron juntos Eric y Cubarsí y el Barça tuvo dos centrales con buen pie, que no sufrieron en exceso en la primera parte. En la segunda, al ir cerrando Flick el centro del campo, su incidencia se redujo a actuaciones puntuales en duelos por el balón. No deja de ser curioso que dos centrales como Eric y Cubarsí, con buen desplazamiento, conducción y pase, tengan tan cerca a De Jong y Pedri. Como comentábamos anteriormente, la organización interna de Flick es ésa, la que da estabilidad y coherencia a su idea. Qué pasaría si tuvieran más espacio y Olmo tuviera un acompañante.

Las estadísticas mienten

Lo hemos repetido hasta la saciedad, pero lo haremos una vez más: basar un análisis del juego solo en estadísticas no vale para nada. Las estadísticas son un añadido al ojo entrenado y no al revés. Los números los pueden ver todos, los programas informáticos se pueden aprender, pero es la mirada entrenada la que marca la diferencia. No paro de ver análisis basados en simplicidades que escapan a la complejidad del juego, como por ejemplo en el partido que nos ocupa, los pases entre Pedri y De Jong. El número de pases es irrelevante si no va acompañado de muchas más cosas, al igual que sucede con los goles esperados y otras estadísticas más que suman muchas cosas, pero que multiplican menos de lo que parece. Otro ejemplo más simple: pensar que el PSG decantó el partido por las bandas sin entender que no fueron las bandas el motivo del mismo, sino la consecuencia ante la organización culé sin balón, cerrado por dentro, lo que «obligaba» a Vitinha a buscar por fuera y que la altura de Hakimi fuera más cerca a la portería culé. No son las bandas ni los laterales, sino lo que pasa en el juego. No es que decanten el partido por duelos, es que es el juego que marca Vitinha por dentro lo que se finaliza por fuera.

El físico miente

Lorenzo Buenaventura lo explicó hace años en una ponencia en la que hablaba de Messi y medir su volumen de oxígeno. Cuando se habla del «físico» se simplifican demasiadas cosas, como ocurre con las estadísticas. Es el juego, la complejidad del mismo, las interacciones, el ritmo de juego y tantas cosas más que reducir todo a que el PSG fue físicamente superior es una verdad a medias. El PSG es mejor que el Barça porque su ritmo de balón es mejor y porque se ubican mejor, no porque sean más rápidos, aunque pueda que lo sean. Es la globalidad del juego la que determina todo.

No lo olviden.

P.D: Este análisis está hecho sin mapas de calor ni inteligencia artificial, solo a través del ojo entrenado.

La imagen es clara: extremos abiertos, centrales buscando líneas de pase, ocupación de espacios en zonas intermedias, más pases que regates…

No. No es un equipo de Guardiola, ni de Arteta. Es el Real Madrid.

Practicando el juego de posición en el campo de las remontadas heroicas, el Bernabéu.

Lo comentamos en un texto anterior ( https://ricardozazo.com/el-real-madrid-imita-al-barca/ ), el Real Madrid, al fichar a Xabi Alonso, estaba buscando una organización en el campo distinta a la ejecutada con Carlo Ancelotti, correr menos, equipo más junto, presión tras pérdida. Algo que algunos llaman «fútbol moderno» y que en realidad de nuevo tiene poco: solo es una actualización de las ideas holandesas que trajo Cruyff y que Guardiola junto a Tito Vilanova y Paco Seirul.lo desarrollaron. Mientras eso pasaba y con la diáspora de ideas que han ido germinando allá por donde el de Santpedor ha pasado, ahora más equipos practican algo similar al juego de posición con mayor o menor éxito. No por moda, sino porque lo sienten así sus entrenadores.

Al madridismo (más que al Real Madrid) todo eso le ha parecido poca cosa, anclado en su atalaya de mejor club del siglo XX y coleccionando Champions League año tras año. No era un menosprecio al fútbol en general, pero sí desdeñaba, ya fuera por rivalidad, ya fuera por falta de conocimiento, las ideas que se estaban elaborando en el laboratorio blaugrana. Y ahora, en 2025, el entrenador del Real Madrid pone a su equipo en ubicaciones cercanas, priorizando el pase y obligando al rival a amurallarse.

Esto puede provocar más de un cortocircuito cerebral en mucha gente: por un lado, en las altas esferas del club, donde ganar es lo que importa. Por otro lado, en los aficionados que veían con recelo propuestas donde el balón era sinónimo de una cosa extraña llamada Tiki-Taka que ya era un insulto per se, pues no entendieron nada. Y por último, la de los medios de comunicación, que calificaban como «milonga» el juego practicado por el Barça de Guardiola o el París Saint-Germain de Luis Enrique.

El madridismo puede tener una embolia futbolera porque puede verse defendiendo cosas que hace una década, cuando Mourinho metía dedos en los ojos, estaba visto como una herejía. Pero si sale bien, seguro que se hará trampas al solitario ayudado por unos medios de comunicación que darán vida o muerte a la propuesta de un proyecto proactivo como es el del Real Madrid de Xabi Alonso.

Será interesante ver lo que sucede. Y si algún aficionado madridista quiere saber cosas sobre el juego de posición que practica su equipo, lo tiene fácil: solo tiene que analizar aquello que odiaba.

Perdió la selección española femenina la Eurocopa ante Inglaterra y mucha gente lo ha visto como un fracaso. Y eso es buena señal. Porque ya, por fin, entramos en el Siglo XXI a la hora de hablar del fútbol femenino y atrás quedan los prejuicios de la gente cuando ven a chicas jugando al fútbol. Ya, por fin, discutimos sobre sistemas y jugadoras. Ya, por fin, normalizamos el fútbol femenino en nuestro país.

Obviamente, siempre habrá gente que no pueda ver más allá de sus prejuicios, a ver si nos vamos a pensar ahora que todos los avances que han tenido las mujeres han sido fáciles. Siempre quedará ese poso narcisista-misógino de ver el fútbol femenino con desprecio. Ojo: no con dejadez o falta de interés (algo lícito), no: con odio.

Hoy no vamos a hablar de los traumas de los hombres, porque sería, de nuevo, opacarlas a ella y ver todo desde una visión androcéntrica de las cosas sólo hacer ver la mitad del paisaje. Hoy toca hablar de ellas y de fútbol. Porque siempre fue de eso: de jugadoras de fútbol, no de chicas haciendo algo de hombres.

Es interesante escuchar/leer debates sobre la idoneidad de Salma Paralluelo como nueve de referencia, pedir la titularidad de Athenea del Castillo o preguntarse por la suplencia en la final de Claudia Pina. Eso es, en definitiva, lo que se espera a partir de ahora, que queden atrás todos los comentarios sexistas y hablemos de fútbol. De  por qué Montse Tomé tomaba la decisión de cambiar de banda a Mariona y Pina en las fases previas, de por qué Alexia fue sustituida, de la gestión de la gran Sarina Wiegman y esa suerte inglesa en esta Eurocopa, que, parafraseando al inimitable Gary Lineker, parecía que el fútbol femenino era un deporte en el que jugaban once contra once y siempre ganaba Inglaterra. La pobre Jennifer Falk estará todavía tirándose de los pelos al parar cuatro penalties y fallar el suyo. Lo que hubiera cambiado la historia…

Pero hay equipos destinados a ganar un título, se quiera o no, se nota en el ambiente. Le pasó al Chelsea de Di Matteo, seguramente el peor equipo que ha ganado una Champions League, vapuleado en varios partidos pero con esa suerte necesaria en los momentos puntuales. Esta vez la suerte ha sonreído a una Inglaterra que ya venía apuntando sobre la misma cuando caía 2-0 ante Suecia. En ese momento, ya escribí en Bluesky que nadie diera por muertas a las inglesas. Y es que ese aura de invencibilidad que tienen algunos equipos en torneos cortos es imposible de controlar.

Las nuestras (porque sí, amjgo machista, son las nuestras. Sí, también Salma Paralluelo y Vicky López son de las nuestras, basura racista) no tuvieron fortuna en el lanzamiento de penalties y es una asignatura a mejorar sin ninguna duda. Tras ganar un Mundial y una Nations League, completar este triplete hubiera supuesto la consagración definitiva de un grupo de jugadoras que va cediendo el testigo a las nuevas. De Alexia a Pina, de Aitana a Vicky. Pero no queda duda de que todas están ya mirando la fecha de inicio del Mundial de Brasil en 2027. Ahí veremos de nuevo a la generación dorada de este deporte.

Además, es posible que este año el Balón de Oro recaiga en una jugadora que no sea española. No deja de ser gracioso que hace unos años el fútbol femenino en España era residual y ahora nos preguntemos quién ha hecho más méritos para ganarlo. Es lo que pasa cuando llevamos cuatro años seguidos levantando el trofeo. La mujer con más opciones es Mariona con su título en Champions con el Arsenal, pero parece que alguna compañera suya en el equipo gunner estará mejor posicionada.

Si bien alabábamos antes a una Wiegman capaz de gestionar a sus jugadoras con la paciencia necesaria para que el partido fuera poco a poco decantándose hacia su lado (Chloe Kelly puede valernos de referencia), nuestra seleccionadora ha podido gestionar algo mejor ciertas cuestiones tácticas. Especialmente, por la suplencia de Claudia Pina en la final, por una Athenea del Castillo que revolucionaba los partidos y ha sido clave, pero que al darle la titularidad relegaba a la de Moncada a la suplencia, en la que probablemente sea el primer torneo con gran relevancia para Pina. Y es que Pina es, seguramente, la mujer que coja el relevo de Aitana y Alexia, igual que Iniesta lo hacía de Xavi.

Además, podemos sumar los comentarios de Mapi León sobre la elección de Salma como nueve, lo que nos devolvería a una cuestión sana: en el fútbol femenino ya, por fin, se habla de fútbol-fútbol, de lo que sucede en el campo, de por qué unas juegan y otras no, de qué sistema se busca, de qué podemos mejorar para el futuro. Y cada vez, aunque siempre haya algún retrogrado onanista de sí mismo que nos los recuerde en su cueva, va quedando más lejos todo el ruido externo y misógino.

Veremos si Montse Tomé sigue. Veremos el relevo generacional (posiblemente en Brasil 2027) y si ese relevo es capaz de seguir al mismo nivel que esta maravillosa generación que ha conseguido ilusionar a todo un país. Valoremos su desempeño y reconozcamos a esta generación como un tesoro a cuidar. Y que vengan más éxitos.

Los distintos tipos de metodologías existentes son caminos que uno u otro entrenador/a debe decidir para marcar toda la diferencia, parafraseando a Robert Frost. Y es que la evolución del deporte va marcada por nuevos caminos recorridos por gente que ve más allá de lo que aparentemente es un simple entrenamiento. Desde que Thomas Arnold y sus amigos empezaron a darle una vuelta de tuerca al ocio aristocrático, cómo entrenar de manera efectiva ha sido una pregunta que ha aparecido en las mentes más inquietas. Nombres como Pierre Parlebas, Paco Seirul.lo o Vitor Frade han desarrollado y perfeccionado ideas que han visto cómo los deportes colectivos no sólo tratan de ganar, sino de cómo hacerlo.

Decíamos antes que una metodología es un camino, no una llave al éxito de manera lineal y asegurada. Hay mucho camino que andar en sentido machadiano. Y muchas veces no han sido entendidos o, como toda conjura de necios, les ha tocado ser vilipendiados. Todo por no entender que hay mentes que van a hombros de gigantes y que son vanguardia del deporte. Y es que las metodologías han evolucionado en los deportes colectivos. Si nos referimos al fútbol, más todavía.

En términos generales, podemos afirmar que los deportes colectivos, o como los llama Seirul.lo, DIEC (Deportes de Interacción en Espacio Compartido), han bebido de una metodología global o analítica, indistintamente de lo que se estuviera trabajando y alternándose en la mayoría de los casos. Lo analítico, relacionado con aspectos muy puntuales en procesos en los cuales el movimiento se puede descomponer y aprender por partes y el global donde se podía, modificando según qué aspectos, buscar una metodología más cercana a deportes de equipo.

Pero esto, para un deporte como el fútbol, se queda muy reducido. Y en otra vuelta de tuerca, aparece el entrenamiento integrado, que, como su nombre indica, integra distintos componentes del juego: físico, técnico, táctico y psicológico. Esto supone entender que existe una mejora por separado que, posteriormente, redundará en una mejora global de las prestaciones del equipo. Lo integra, pero no lo une.

Sobre estas tres metodologías hay mucha bibliografía y no merece la pena desarrollarlas en exceso, baste reseñar que en las tres se obvia un aspecto clave: el ecosistema del jugador. Lo analítico te dice la solución correcta, de A a B, lo global busca algo más cercano a las necesidades del jugador con situaciones de juego real o modificado, mientras que lo integrado busca ser todavía más cercana pero compartimentando estructuras. Si hablamos de entrenamiento analítico en fútbol, un nombre resuena por encima de todos: Marcelo Bielsa. Baste con ver situaciones de entrenamiento repetitivas donde la solución suele estar dada de antemano o con poco margen para explorar otras posibilidades porque se ha demostrado que la solución dada es la más eficaz. Si pensamos en entrenamientos más globales/integrados la gran mayoría de entrenadores saldrá a la palestra. Pensemos en Rafa Benítez, que ponía una cuerda a toda su línea de defensas en el Liverpool para trabajar la distancia entre sus jugadores. O los movimientos sin balón del Milan de Arrigo Sacchi. Cuántos entrenadores no hay que siguen sacando a sus jugadores a correr al campo/bosque/parque… ¡Como si en un campo de fútbol los jugadores corrieran en círculos!. La lista es muy extensa. Y a finales del siglo anterior, surge una voz distinta: Paco Seirul.lo y el Entrenamiento Estructurado.

Desarrollar en unas líneas todo lo que significa el Entrenamiento Estructurado y lo que Seirul.lo llama «Fútbol Barça» es imposible. Señalemos simplemente que se empieza a entender al jugador/a desde un enfoque holístico donde todas sus estructuras (condicional, biológica, emotivo-volitiva,…) interactúan entre sí, unidas a las ciencias de la complejidad que dan una dimensión completamente nueva. Seirul.lo es un visionario que abre camino a un tipo de metodología que va un paso más en la especificidad del fútbol, en acercarlo lo más posible a la realidad del juego.

Mientras Seirul.lo desarrolla ideas y teorías que, unidas al olfato práctico de Johan Cruyff, germinan en una metodología de entrenamiento, el profesor Vitor Frade también busca una metodología que acerque al jugador/a a la realidad del partido. Nace así la Periodización Táctica, que si bien tiene componentes muy cercanos al Entrenamiento Estructurado, supedita todo a la táctica como el mayor bien supremo del equipo. Mientras Seirul.lo se centra en el jugador, al que denomina Ser Humano-Deportista, Frade lo hace en el equipo y su táctica, anclado en unos principios y subprincipios del juego donde el saber hacer es principal. Ambas beben de las fuentes de la ciencia de la complejidad desde distintos enfoques, ambas tienen unas líneas claras de entrenamiento (Situaciones Simuladoras Preferenciales en el caso del EE y Morfociclo-Patrón en la PT) y son metodologías predominantes en el siglo XXI. Guardiola y Mourinho son sus máximos exponentes.

El fútbol seguirá evolucionando en sus distintas metodologías al mismo tiempo que habrá quien piense que todo esto comentado anteriormente no sirve para nada y que con tener unos buenos jugadores ya vale, despreciando el trabajo de aquellos que buscan la senda del conocimiento. Seguirán sin entender que ganar no es sinónimo de tener razón y que el camino al éxito, se logre o no, importa.

Analítico, global, integrado y estructurado. Ahora es momento de los entrenadores de elegir cuál es la que más se acerca a su modo de entender el juego.