Mourinho 2.0

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Ha vuelto José Mourinho al Santiago Bernabéu y aunque cabe preguntarse el porqué de su vuelta, parece claro que Florentino quiere hacer la misma hoja de ruta que cuando el Barça de Guardiola saqueaba Europa. La diferencia ahora, notable especialmente en lo mediático, es que el de Santpedor no está en el banquillo catalán, ni los voceros como Inda tienen espacio para la acción. José Mourinho vuelve al Bernabéu pero con mucho menos fuego que apagar.

Entre otras cosas porque ni el Barça es dominador en Europa ni Flick es un entrenador que revoluciona el fútbol. Mourinho vuelve, entre otras cosas, porque el Real Madrid se ha desviado de su ruta. Y eso ha sucedido por varios motivos.

Lo primero que hay que hacer al analizar al club blanco es entender su historia. Y su historia se ha cimentado en remontadas, orgullo y creer cuando nadie más creía, a la vez que las grandes estrellas aterrizaban en Chamartín. Por eso, hace más de una década, Florentino gasta todo lo que puede y más para frenar al Barça, primero para que deje de dominar en el campo, Messi mediante, y segundo para que Mourinho se encargue de hacer saltar por los aires el statu quo desde que Guardiola se sentara en el banquillo culé. La premisa era clara: no consistía en ganar, consistía en que el Barça no ganara.

Una vez que eso sucedió, con Guardiola harto de Sandro Rosell, el Real Madrid empezó a buscar piezas para poder asaltar el trono europeo tras tres semifinales consecutivas perdidas. Y es ahí cuando el Madrid hace algo similar a lo que ya tenía el Barça: poner el centro de gravedad en el centro del campo con Kroos y Modric. Época de éxitos y buen juego con un denominador común: Barça y Real Madrid tenían interiores.

Ante eso, el Barça reaccionó a la contra. Tras el paso de Luis Enrique, siendo más vertical y la demolición de los fundamentos del juego culé desde Valverde a Koeman, el Barça buscaba reaccionar a Kroos y Modric anclado en la bancarrota financiera. Sólo cuando comenzó a recordar, con jugadores muy jóvenes, los fundamentos del juego, empezó a emerger. Y en ese tiempo, Modric y Kroos se fueron.

El Madrid volvió a lo que históricamente le ha funcionado: sus estrellas. Y así llegó Mbappé al lado de un Vinicius cada vez más solvente. Pero enfrente ya se estaba armando un equipo joven que iba dando pasos para ir mejorando en Europa y que dominaba la Liga. Ante eso, lo lógico según la historia merengue habría sido traer a un entrenador que dominara a las estrellas del vestuario, pero en su plan ocurrió algo inesperado: no había entrenador idóneo para el Real Madrid.

Klopp se había retirado temporalmente, Zidane iba a aceptar el cargo de la selección francesa y Ancelotti ya había dado todo lo que podía. Y Florentino, que ha tenido varios entrenadores pero solo ha confiado en tres (Zizou, Carletto y Mou), volvió a llamar al luso porque la apuesta por un giro radical en su fútbol, al contratar a Xabi Alonso, era contracultural e inentendible para la historia blanca.  Mourinho ha venido no para embarrar todo el camino como en su primera etapa, sino para ordenar un vestuario donde han trascendido peleas, gestos públicos hacia entrenadores, líos con diagnósticos médicos y una remodelación de un estadio que todavía hace ruido.

Florentino, ya más cerca de decir «Rosebud» en su Xanadú particular de Chamartín que de encadenar elecciones para continuar con su reinado, quiere dejar su legado a salvo. Y en el único en quien confía es aquel que impidió, volcán mediante, que el Barcelona pisara una final de Champions League en el Bernabéu.

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