Un invierno en Madrid

“Madrid es como el Sáhara, un camello por persona”
(Frase extraída de la canción “Falsa sensación de calma” del grupo Duo Kie”

Madrid es una ciudad con más de un millón de aristas. Cada esquina es un desafío, cada calle, un recorrido. Perderse en las calles de Madrid en invierno es conversar contigo mismo durante horas interminables al calor de un buen café que te recuerda quién eres cuando llegas a casa.
Madrid es acogedora con la gente de otras ciudades, pero su abrazo no es cálido. Madrid es una ciudad donde cualquier pensamiento nocivo te pasa factura. Una noche en un invierno en Madrid son años de vida. Prueben a pasar una noche deambulando por sus calles, encontrarán de todo, de lo más variopinto, gente yendo de un lado a otro, cantando, riendo…

Pero asegúrense, cuando vengan a un invierno en Madrid, de que en casa hay algo que les espera.

Madrid es terriblemente fría y cruel con la desdicha, con su soledad que no empatiza, con la melancolía que hiende y hiere a todo aquel viandante incauto. Madrid es una ciudad muy puta si no la conoces. Si no sabes que cada camino que surge en cada cambio de dirección en tu recorrido puede llevar al cielo o al infierno. Donde los hálitos de vida son suspiros al calor de una reunión de amigos mientras fuera el viento golpea los ventanales. Nadie pasa por Madrid sin una cicatriz.

Madrid es una rosa de espinas, preciosa a la vista pero quirúrgica al tacto. Te mantiene alerta su trasiego de café, periódico y vaho en las cafeterías, ese cielo plomizo, gris, que acoge a contrapié al desprevenido. Madrid es una ciudad única, y ese es su encanto. Y quizá, su propia muerte.

Madrid no deja indiferente a nadie. Es el cielo y el infierno. Solo de ti depende. Un invierno en Madrid, acérquense. La entrada solo cuesta la razón…

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