Sobre huelgas y fútbol femenino

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Se ha producido la primera huelga del fútbol femenino en España, al menos, que se sepa. Y es una buena noticia, porque por fin el mundo del fútbol femenino se va visibilizando cada vez más. Y porque las mujeres quieren conquistar sus derechos.

Circunstancias de la vida, he sido testigo del proceso evolutivo del fútbol femenino en este país gracias a que mi hermana mayor ha ido, junto a sus compañeras, luchando por cada palmo de terreno en la igualdad de oportunidades. Que las jugadoras de 14 o 15 años no sepan lo que sucedía hace 20 años es señal de que se va avanzando en derechos conquistados, pero que todavía queda mucho por recorrer.

Acompáñenme en este viaje por los campos de fútbol olvidados: los campos del fútbol femenino.

Recuerdo los finales de los años 80. Mi hermana y otras jugadores tenían que achicar el agua del campo de tierra (porque antes los campos eran de tierra) antes de jugar el partido. Normalmente las horas de juego no eran las mejores, siempre se reservaba todo para los equipos masculinos. En una época donde la heroína hacia estragos, formar parte de un equipo de fútbol era un buen salvoconducto para hacer deporte y relacionarte. En una sociedad aletargada donde la mujer apenas contaba, poder jugar al fútbol significaba, por una parte, tener un vínculo de amistad y por otro lado, tener que soportar la indiferencia y en algunos casos, los insultos de la gente con todo tipos de descalificativos.

Recuerdo partidos tremendos con jugadoras que hoy en día serían iconos como lo son ahora Amanda Sampedro o Vero Boquete. Si hubieran visto jugar a Marimar Prieto… Recuerdo partidos con muchos goles, títulos territoriales, partidos robados en algunas zonas de España (no es fácil ganar en según qué campos, seas hombre o mujer). Pero también recuerdo a clubes despreciando jugadoras. Jugadoras que se hacían como podían 600 kilómetros en coche para jugar  y ni siquiera veían un gracias. Recuerdo que cuando mi hermana y sus compañeras, hartas del trato que les daba el club, dijeron que se iban, el club no movió un dedo. El mismo club que lleva 20 años sin sección de fútbol femenino, pero bien que tiene su foto de equipo en la pared.

Luego, llegó el siguiente paso: las jugadoras lo dejaban y pasaban a formar parte del cuerpo técnico de algún club. Se hablaba con gente, se buscaba a chicas que quisieran jugar, se intentaba mantener viva una llama: la de aquellas mujeres que se partieron la cara por las niñas del futuro. Se oían rumores de una sección del Rayo Vallecano, del Atlético de Madrid, del Athletic de Bilbao. Aparecían jugadoras técnicamente mejores, los campos iban siendo de césped. Las cosas cambiaban. Pero el paternalismo imperante ponía coto. La selección española estaba dominada por el antiguo proceder. El fútbol femenino era una figura decorativa.

Pero el siglo XXI ha demostrado que los tiempos cambian. Ahora todo el mundo sabe quién es la portera de un equipo, o la goleadora de otro. Se televisan partidos y hasta equipos españoles llegan a la final de la Champions League. Se derriban barreras.

Pero todavía hay gente empeñada en ponerle palos entre las ruedas.

Se habla del tema monetario, pero hay más. Es cuestión de derechos, de profesionalización, de respeto. De progresar en lo que se ha conquistado. Los que se quejan siempre se escudan en lo monetario, pero ¿cómo va a ganar más una jugadora si no se promociona su deporte? Alguno puede pensar que lo que se hace es suficiente, pero solo hay que pararse a pensar en lo lejos que están todavía en la equiparación.

Esto no es nuevo, sucede a todos los niveles. De entre los 100 deportistas mejor pagados, solo aparece una mujer. YA ES CASUALIDAD.

Así que si esta huelga sirve para poner en valor la dignidad de las que pelean por lo que es suyo, bienvenida sea. El siglo XXI es de las mujeres. Y no van a parar por conquistar lo que merecen. Y créanme, lo merecen.

Por todas las que, como mi hermana, achicaban agua del campo antes de empezar sus partidos.

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