¿Quién entiende a Koeman?

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Ronald Koeman ha venido a cambiar cosas en Can Barça. Un nuevo proyecto tras el desastre producido por el equipo al final de la temporada pasada bajo el mando de Setién. Caras nuevas, ilusión renovada, una luz de cruyffismo que, aunque se supiera que no era tal, albergaba ciertas esperanzas.

Pero a estas alturas, y ya es diciembre, nadie entiende a Koeman, lo que busca, lo que encuentra y hacia dónde va. No es cuestión de capacidad (o al menos, no solo de capacidad), sino de decisiones tomadas. Sobre eso, se puede construir una idea de lo que se proyecta. Y hay muchos claroscuros, por no decir pinturas negras de Goya.

Y tiene a Frenkie de Jong como síntoma. Si con Ernesto Valverde comenzó en posiciones medias, con Setién se lanzó al ataque. con Koeman, que se suponía que sabía cuál era su posición ideal, juega de todo, lo que equivale a decir que no juega de nada. La polivalencia mal entendida tiene estas cosas.

Intentemos radiografiar un poco el trayecto hasta ahora. Un equipo que comenzó rápido, indetectable para los rivales, alejado de la posicionalidad, dinámico, que picaba como una abeja y, aunque no era mariposa, buscaba su crisálida. Eso duró poco, lo justo para gripar un motor en cuanto los rivales cambiaron las preguntas. Defensas más cerradas, distintas alturas. A partir de ahí y sumado a una deficiencia en la calidad de la plantilla, los partidos no se sacan adelante con la claridad necesaria o directamente no se sacan.

Particularmente incomprensible es la decisión de Koeman de despoblar el centro del campo, algo que no tiene ni pies ni cabeza en el sacrosanto lugar de los interiores. Es sencillamente atentar contra tu propia historia. Pero no solo ha ocurrido eso sino que además no ha habido hasta ahora una ejecución sensata de los espacios.

Pongamos un ejemplo lógico de cçomo aprovechar tus recursos a tumba abierta. Primera temporada de Guardiola, campo del Espanyol, que se gana 1-2 con un penalty que no es. Pero no vamos a la polémica y sí a lo que buscó Guardiola ese día cuando en el 83 perdía 1-0: extremos abiertos, fijando, dos delanteros contra centrales, siendo profundos, Messi libre jugando con Keita, Xavi e Iniesta por detrás. Una estampida, vamos. Pero una estampida ordenada, con conceptos tan sencillos como amplitud, profundidad y espacio para recibir. Algo que también logró esa temporada en Pamplona al remontar un 2-1 en El Sadar. Atrevimiento pero con sensatez.

Koeman de momento no ha hecho nada de eso. Sin una idea, el atrevimiento es gaseosa. No vale de nada más que para la galería y eso te hace perder puntos a la par que deja claro que no hay una idea detrás. Y eso sí que es peligroso.

Sumemos a la idea de Koeman una confección de plantilla, si no reprobable, al menos un poco bisoña, con jugadores como Pedri, Dest o Trincao, muy jóvenes. Y el Barça promueve los jóvenes (o eso hacía), pero venir de fuera exige una adaptación. Con lo cual, cargarles el muerto en un año de transición (por llamarlo de alguna manera, porque nunca hay año de transición en ningún club, ni siquiera en los de barrio) no es justo.

Se puede poner el foco en Coutinho, De Jong, Lenglet, Dembelé y especialmente Griezmann. La clase media-alta de un equipo que debe ayudar a las vacas sagradas culés. Pero el nivel no está siendo el esperado, quizá por falta de talento, quizá por falta de continuidad, quizá por mala suerte, o como lo queramos llamar. Pero no hay rendimiento que, a fin de cuentas, es lo que se le pide a un deportista de élite.

Podemos poner el foco en Messi, que se quería ir, en Busquets, que está acabado según algunos, en Pique, quien si no se hubiera lesionado estaría ahora en el disparadero, en la poca cabeza de Alba y en lo poco decisivo que es Sergi Roberto. Se puede incluso hablar de Ter Stegen, que no está todavía tras la lesión a su mejor nivel. Pero también podría entenderse que si se quiere jugar con ellos se tiene que hablar su idioma. Algo que llevan, como poco, tres años sin hacer.

Así las cosas, Ronald Koeman está, citando a Lope de Vega, como el perro del hortelano, que “ni come, ni comer deja, ni está fuera, ni está dentro”. Y si de puertas para adentro parece todo controlado, Messi mediante, su dirección de campo es bastante mejorable. No por profundizar en el juego de posición, algo que parece descartado y que invita a jóvenes como Aleñá o Riqui Puig al ostracismo más severo, el de la indiferencia, sino a tener un plan. Si tu Plan B no es reforzar el Plan A, al menos ten un Plan B alternativo.

El Barça ha ganado cuando ha sido reconocible. Y ha ganado mucho. El club nunca ha tenido término medio. O gana o pierde brutalmente. Si se va a dar la espalda a lo que te ha hecho grande al menos se agradecería cierta honestidad en la propuesta. Dicho claramente: si vas a tirar por la borda el legado creado desde Guardiola, sé valiente y tíralo del todo. En mi opinión no ganarás tanto, o no ganarás, pero al menos habrá una idea detrás, que eso sí que es respetable. Luis Enrique no lo pretendía y sus modificaciones duraron poco, Valverde lo desfiguró y con Setién se puso la puntilla. Koeman tiene todo para hacer lo que quiera, en teoría. Y no es por falta de jugadores, es de idea. De convencimiento.

Koeman, que parece sacado de un cómic, se torna en un personaje de Beckett en Esperando a Godot. La más sublime espera en la que nada y todo pasa.

Y al Barça le mata la indiferencia, pues siempre se consideró diferente.

¿O alguien pensó que el “Més que un club” era solo de cara a la galería?

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