Pautas para una metodología de club

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Muchas veces, cuando hablo con entrenadores y directores deportivos del fútbol base madrileño, tengo la sensación de que en la base hay muchas lagunas a rellenar, en algunos casos por falta de recursos y en otras por falta de visión deportiva. Dado que lo primero está más relacionado con la capacidad de “vender tu producto”, algo que excede estas líneas, me centraré en lo segundo, algo que en mi opinión todos los equipos de fútbol base (y no tan base) pueden hacer si disponen de la visión adecuada.

  • ¿Qué capacidad de crecimiento espero del club? Lo primero que cabría pensar es la proyección del club dentro de unos años a distintos niveles (social, deportivo, metodológico,…). Pensar a largo y medio plazo antes que a corto plazo suele ser beneficioso porque permite tener una perspectiva y tiempo de mejora llegado el caso.
  • ¿Qué objetivos quiero tener como club?  El club necesita marcarse unos objetivos para progresar. Pensar, como decíamos antes, dónde deberá estar el club en unos años, qué categorías son las “aceptables” en términos deportivos (por ejemplo, estar en 10 años en Primera División no es un objetivo real), qué tipo de metodología llevar a cabo, sistemas de juego a implantar, tipología de entrenadores y jugadores… Como vemos, hay mucho que desgranar y de momento no hemos hablado de términos monetarios. Es decir: todo esto puede plantearlo un club de barrio.

Vamos a ir profundizando un poco en las cuestiones anteriores.

  • ¿ Qué caladero de jugadores tengo en mi zona? ¿Cuántos equipos hay cerca? Es importante sentar una buena base de jugadores y para ello es esencial saber la competencia que se va a tener. No es igual ser el único equipo de fútbol del barrio que tener cinco más, o varios equipos de otros deportes.
  • Los más pequeños del club son siempre los más importantes: Para que un club sea sostenible en el tiempo no deben descuidar nunca las categorías más pequeñas (chupetines, prebenjamines y benjamines en Madrid). Sin una base amplia de ellos el club no es viable, puesto que ellos son los que tendrán fidelidad al club y para ello es necesario un buen trato con la familia y jugadores, con códigos de vestuario. Estamos formando personas, no lo olviden.
  • Los entrenadores (I) la imagen del club: sin unos entrenadores que entiendan la importancia de formar ese equipo está condenado a la ruina. Si se va a contratar a entrenadores, lo primero es contratar a entrenadores con valores humanos respetables.
  • Los entrenadores (II), sus conocimientos: Es cierto que un título no tiene una correlación directa con el conocimiento, por desgracia, pero ayuda bastante. Que los entrenadores tengan titulación deportiva o estudios sobre actividad física y deporte ayuda. Pero lo más importante siempre será el punto anterior.
  • El director metodológico, figura necesaria: Si se quiere implantar una metodología de juego en un club se necesita a alguien que piense por encima de todos en cómo van a jugar sus equipos Y un director metodológico no es un director deportivo y ambos son básicos en un club y deben convivir (no son un derroche de dinero como podría pensarse). No hablamos de sistemas, sino de líneas maestras del club que sirvan de guía a los entrenadores, lo que llevaría a los entrenadores, en contra de lo que se pueda pensar, a tener seguridad en un modo de hacer las cosas. Mucho se equivocaría aquel entrenador o entrenadora que creyera que un director metodoógico es un juez implacable. Los entrenadores pasan pero el club permanece (si va bien) y para eso alguien tiene que velar por él. Y si además hay una correlación entre el gusto del entrenador y el club, la fidelidad es completa.
  • Formar entrenadores, la importancia de las charlas de formación: Si un club tiene una línea a seguir necesitará tener una visión amplia y muchas veces si solo ve lo suyo perderá el objetivo. Por ello es muy útil que existan charlas de formación (no es obligatorio que sean de fútbol), para entrenadores y jugadores.
  • Los jugadores que quieren ser entrenadores: La mayoría de clubes tienen jugadores que, por amor a los colores y por empezar a ganar algún dinero, se meten a entrenar a equipos pequeños. Si solo se les da la oportunidad como función de guardería, es decir, porque no hay otro, el club no mejorará y además ellos serán unos entrenadores malos, porque trasladarán vicios de los equipos mayores a categorías inferiores, lo cual es un error flagrante. Se les debe formar porque además son un activo importantísimo, espejo para los más pequeños.
  • El estilo de juego del club: ser reconocible. Cuando hablo de estilo de juego no me refiero a un sistema en particular, sino en buscar qué te hace diferente al resto de clubes de tu entorno. Qué tipo de entrenamientos haces, qué tipo de jugadores proyectas al primer equipo, qué tipo de entrenadores forman parte del club, qué informes internos posees para mejorar, qué herramientas usas para saber si estás trabajando como quieres, qué manera de comunicarte tienes con las familias y los jugadores, si se tiene acuerdos con otras instalaciones o personal sanitario… Todo eso no implica un gasto excesivo.
  • Los cuerpos técnicos, reconocidos y reconocibles. El sueldo de un entrenador en fútbol base es exiguo, pero para muchos es un complemento o un inicio en el caso de los entrenadores jóvenes. Para cuidarles y hacerles activos del club, formarles es importante. Becarles de algún modo, por ejemplo con la realización de los niveles de entrenador, con las charlas de formación, los convenios con otros clubes para que vean otros entrenadores… son modos de reconocer su valía, de querer formarles a la vez que se les debe exigir seguir la línea metodológica del club a través del diseño de tareas o informes. Y además, el cuerpo técnico siempre debería estar formado por, mínimo, dos personas, y a ser posible que el segundo entrenador sea también jugador del club. No hay que tener prisa por ser primer entrenador, el crecer a fuego lento y observar al que toma decisiones es la mejor manera de asegurar un entrenador de garantías para el club en el futuro.
  • Jugadores profesionales a largo plazo: Por lo general solo un jugador de entre todos los que hay en una escuela deportiva llegará a ser profesional en unos 10-12 años. Eso significa que la mayoría de ellos no lo serán, pero tendrán una cultura de club si se hacen las cosas bien a la vez que el dinero invertido en formación por el jugador que sea profesional será correspondido con cierto importe en derechos de formación. Así que es mejor hacer las cosas bien. Ejemplos de clubes que tienen un incentivo de dinero en cada traspaso de un jugador formado por ellos hay a montones, pero son muy pocos en comparación a la estructura de un club.
  • Saber ganar y saber perder: Que se estructuren objetivos a medio o largo plazo no significa que no se trabaje cada día por lograr pequeños objetivos cada semana, en cada partido, cada temporada. Esa competitividad interna hará que el club crezca en todos los niveles y hay que fomentarla desde una competitividad bien entendida. Y tan importante es saber que el club crece como respetar sus valores. El escudo que todo el mundo lleva en el pecho no se puede manchar por tonterías y bien haría el director metodológico en sancionar a aquellos que incumplan las normas impuestas.
  • Por último, los padres y madres: A los familiares de los jugadores se les debe escuchar, pero no deben marcar el camino. Por muy bien que creas que lo estás haciendo siempre habrá algún familiar o jugador que piense que el trato no es el que merece. Es importante la empatía, el respeto y la asertividad, pero no hay que olvidar las líneas marcadas por el club, de ahí la importancia de tenerlas. Un club que no las tiene es un club perdido.

Estas son, a mi entender, algunas pautas para hacer de un club de barrio algo más, sin prisa, a fuego lento. Pretender ser el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona es absurdo, pero marcar diferencia a otros niveles con los clubes de la zona, distinguirse positivamente, se puede si hay voluntad.

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