La preparación física en fútbol y el siglo XXI

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En estos días de julio donde los medios de comunicación mercadean con fichajes ilusorios, delanteras irrepetibles o mintiendo descaradamente con tal de que el público siga consumiendo sus páginas (de algo hay que vivir en verano), siempre se adjuntan imágenes sobre carreras en pretemporada, como queriendo rascar algo de la superficie que engloba un equipo de fútbol. Jugadores que son como toros, otros que vienen pasados de peso (nada que un buen photoshop no arregle) o la última delicatessen de un jugador fichado, como si eso, en julio, sirviera para extrapolar algo de lo que sucederá a lo largo de la temporada.

Las pretemporadas, otrora incansables y exhaustas palizas físicas, han ido modificándose con el paso del tiempo, pero siempre quedan vestigios recurrentes de lo importante que es el matiz físico para la práctica del fútbol. Aunque se haya desmentido este mito hasta la saciedad, muchos siguen la corriente establecida, allá por mediados del siglo XX y cristalizado en un libro llamado “La preparación física en fútbol basada en el atletismo” del mítico (nunca mejor dicho) Carlos Álvarez del Villar, el profesor que conseguía que los jugadores del Rayo Vallecano fueran a la Casa de Campo a subir y bajar cuestas. Primero, el cuerpo, luego, si eso, el deporte.

Álvarez del Villar es un hombre de su tiempo. Con las técnicas empleadas en el deporte rey, el atletismo, su aplicación al fútbol parecían una realidad inmutable. Así, entran en el fútbol los famosos entrenamientos interválicos, el Fartlek, promovido por Gosse Holmer en los años 30, las cuestas y todo aquello que era útil para crear atletas. Con el matiz de que los atletas no corren con un balón en los pies ni los futbolistas en una pista de tartán, eran ideas donde un tipo de entrenamiento, el Entrenamiento Integrado, daba sus pasos. Que levante la mano quien haya hecho alguna vez un JULIO, las tres Z, el Circuito Oregón (para aquellos que hayan estudiado en el INEF de la Politécnica de Madrid, la variante del circuito, el “Circuito Charly”, seguro que les suena)… había tantas como ideas surgían. Los jugadores eran fuertes poderosamente, no podía fallar nada.

Pero mientras en Madrid crecía a pasos agigantados esta idea, en Barcelona surgía una nueva ola. Álvarez del Villar viene del mundo del atletismo. Y Francisco Seirul.lo, también. Pero sus caminos son bastante distintos. Seirul.lo profundiza en los aspectos que hacen del deporte colectivo lo que es, proponiendo una nueva sinergética del movimiento en 1976. Así, se empezaba a gestar una idea revolucionaria: la mejor preparación física para el fútbol es jugar al fútbol. El Entrenamiento Estructurado, que entiende al deportista como un ser complejo con distintas estructuras, cambiaba el paradigma deportivo y abría una puerta donde se integraba, esta vez de verdad, todos los aspectos inherentes al juego. ¿De qué servía correr en un bosque si luego en un campo de fútbol no había árboles? ¿Qué tipo de distancias recorre un futbolista? ¿Tiene sentido correr 8 kilómetros por un prado?

Madrid y Barcelona, tan polarizados, eran dos entidades bien distintas.

Entrados ya en el siglo XXI, todavía se ven preparadores físicos que creen que salir a correr al campo es lo mejor para un futbolista. Es complicado pensar lo contrario (cambiar lo establecido nunca es fácil), pero lo que sí debe quedar claro es que no hay especificidad. Se puede decir que los jugadores están en forma, pero no que están específicamente preparados para jugar al fútbol.

Si nos paramos a pensar un poco en la mercadotecnia de los equipos de fútbol y su manera de promocionarse, siempre veremos que los jugadores del Barcelona hacen rondos, los del Real Madrid tiros a puerta y los del Atlético de Madrid parte física. Como una amiga suele decirme, parece hecho aposta para que el público lo vea. A fin de cuentas, los aficionados del Barcelona son mayoritariamente fans del pase, los del Real Madrid saben que los goles les dan los títulos y que los del Atlético de Madrid piden esfuerzo innegociable. Obviamente todos piden ganar, pero claro, lo que uno proyecta a través de los medios, es importante para mantener una identidad, sea cierta esta o no.

El Profe Ortega es paradigma de una manera de hacer y sentir la profesión. No hay vagos con el Profe Ortega. Eso parece que se intenta transmitir, algo que va de la mano de la imagen que se tiene de Simeone y el “Mono” Burgos. Nadie cuestiona sus métodos, porque se han demostrado válidos, entendiendo por validez que se gana. En un mundo de ganadores, el que gana tiene razón. Aunque se sepa que no hay especificidad, que los paradigmas han cambiado, que el Entrenamiento Estructurado hace tiempo destruyó muchos mitos y que el futbolista es futbolista y no atleta en el más estricto sentido, se siguen haciendo las mismas praxis.

Lorenzo Buenavetura, en una ponencia histórica, lo dejaba bien claro cuando hablaba de Messi y el volumen de oxígeno. La preparación física ha entrado en el siglo XXI aunque haya gente que siga con métodos anticuados. Si el baremo es ganar, seguiremos sin entender nada. Pero si el baremo es hacer algo propio del deporte, la cosa cambia.

Los preparadores físicos del futuro tienen la responsabilidad de saber lo antiguo y lo moderno, la deriva histórica sin infravalorar ninguna, pero aplicando los métodos más acertados dentro de una manera de pensar.

Seguirá gente haciendo JULIOS por los campos de fútbol, y sus equipos ganarán. Pero eso nunca será específico de los deportes colectivos, y menos del fútbol.

 

 

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