La Ortodoxia Asimétrica de Quique Setién

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Quique Setién ha arribado en Barcelona. Y con él, muchas preguntas en el aire que, como remolinos en el viento, vuelven a aparecer. La tan manida posesión, casi siempre a menudo en bocas que no entienden su significado, ha vuelto a la palestra, degradada la palabra hasta límites insospechados, siempre como arma arrojadiza para tener razón, como si tener razón valiera de algo.

Aterrizó Setién, decía, en un momento poco entendible para todos, me atrevería a decir que para el mismo Setién incluso. La destitución de Ernesto Valverde en enero de 2020 sorprendió a propios y extraños. A los seguidores del “Txingurri”, por no entender la destitución de un técnico que ha ganado dos Ligas y tiene al equipo líder a mitad de temporada. A los detractores, por ser ahora la decisión del cambio y no cuando había motivos de sobra o momentos más claros, como la debacle de Anfield y la final de Copa. Unos, aferrados a resultados, otros, al juego. Unos y otros no entendieron por qué cambiar ahora y no a final de temporada.

En esas, llegó Setién, y con él, todo lo que le envuelve, la fama, al parecer, de soberbio en sus declaraciones  y talibán del estilo con lo que eso conlleva a todos los que creen que se puede jugar de muchas maneras. Sea como fuere, había mucha gente con ganas de ver qué hacía Setién en el Barça, para bien y para mal.

Antes de adentrarnos en la organización del Barça de Setién, intentaremos entender el proceso por el que vive el Barça, de Guardiola a Setién.

Si Guardiola fue la ortodoxia, Luis Enrique el implemento que acabó en desfiguración y Valverde el que practicó la heterodoxia más abierta, Setién es un punto de unión con el origen del buen juego culé: Johan Cruyff. El “14” es el referente de Setién y, paradójicamente, o no tanto, puede ser el que permita entender un retorno a una idea, la idea de Cruyff. Si a Cruyff le siguió Guardiola y después de él la ortodoxia giró 180º, puede que sea Setién el que empiece a virar el barco de nuevo hacia Cruyff y que en el horizonte haya un discípulo de Guardiola, igual que el de Santpedor lo era del holandés: Xavi Hernández.

Por tanto, a Setién no solo se le pide ganar, se le pide jugar bien. Y eso a veces es injusto con algunos entrenadores, pues no a todos se les pide jugar bien. Ejemplos hay a montones. Pero, por lo que sea, a algunos se les pide ganar y jugar bien. Si juegan bien y no ganan, serán un fracaso. Si ganan y no juegan bien, nadie dirá nada durante bastante tiempo. Salvo si ese club tiene por costumbre jugar bien, como es el caso del Fútbol Club Barcelona. Así pues, Setién tiene que vencer y convencer. Y que quede clara una cosa: Setién es cruyffista, no guardiolista. Nadie debería esperar la excelencia del Barça de Pep y quizá sí algo más parecido a lo que hacía Cruyff con su equipo, capaz de bordar el fútbol ganando 5-0 al Real Madrid junto a sonoros petardazos en otros campos.

Entonces, ¿cómo intenta convencer Setién a la parroquia blaugrana? Lo primero que hay que ver es que hay muchos cambios respecto a lo planteado por Valverde. Para empezar, la estrategia operativa de los partidos. Se ha leído bastante que el Barcelona de Setién juega un sistema 1-3-5-2 y eso es rotundamente falso: lo que hay son comportamientos con y sin balón que generan distintos contextos e interacciones. El Barça no juega con carrileros, algo básico en un sistema 1-3-5-2, sino que en función de dónde esté el balón, Jordi Alba, Antoine Griezmann y Ansu Fati (por poner los jugadores titulares del último partido) tienen unos comportamientos u otros.

Así pues, intentaremos hacer un hilo conductor partiendo de las tres premisas que marcan la hoja de ruta cruyffista: juego de posición, velocidad de balón y presión tras pérdida.

El juego de posición del equipo de Setién no es todavía perfecto (y complicado que lo sea) por una razón clara: sus jugadores no tienen las horas de vuelo necesarias para aplicarlo con rotundidad. Ni Arthur, ni Vidal, ni Rakitic saben emplearlo (el brasileño tiene mucho margen de mejora en esté aspecto). Otra cosa es De Jong, pero este Barça dista mucho de ser el Ajax donde jugaba, así que habrá que tener paciencia con él. Las opciones que sí saben manejar el juego de posición, como Riqui Puig o Álex Collado, están muy tiernas, mientras que Sergi Roberto es más útil de lateral que de interior, al menos de momento.

La velocidad de balón ha mejorado mucho respecto al equipo de Valverde porque el juego de posición ha mejorado, con lo cual, las piezas están mejor colocadas. El problema es que el ritmo no es muy alto (debido a lo comentado en el apartado anterior) y a que no existe ningún extremo que acelere acciones en zonas de finalización. Antoine Griezmann está muy bien en la fase de tiro, pero no es un jugador que desborde en banda a rivales. Ansu Fati sí es capaz de hacer eso, pero no se le puede pedir a un chico de 17 años que sea diferencial cada fin de semana. Dembelé es una incógnita.

Por último, la presión tras pérdida, la gran mejoría de Setién respecto a Valverde. El Barça ha dejado de ser reactivo y vuelve a ser proactivo. Ha dejado de tener dos líneas de cuatro jugadores y de ceder espacio a los rivales para ser el equipo que intente robar rápido para someter en campo contrario.

Todo esto, en 12 días. No es poco. Pero no es suficiente.

No es suficiente porque el Barça sigue siendo lento en la velocidad de balón, se posiciona de modo difuso todavía y no tiene piernas frescas en todas las zonas del campo. Los años pasan para todos. Pero el Barça está de nuevo en el camino que le acabó llevando a la excelencia: la ortodoxia.

¿Es ortodoxo el Barça de Setién? Sí, porque cumple con las tres premisas mencionadas anteriormente. ¿Es ortodoxo como el Barça de Guardiola o el primer Barça de Luis Enrique? No. Porque mientras Guardiola incidía en la ortodoxia posicional y Luis Enrique en una ortodoxia más física, Quique Setién lo hace desde una variante táctica: ordena a su lateral derecho cubrir una parcela más defensiva, cerrando con tres, mientras que permite a su lateral izquierdo subir la banda, lo que provoca que el extremo izquierdo se vaya hacia dentro y esté más cerca de Messi. Esa ortodoxia asimétrica (laterales a distintas alturas) del Barça de Setién teje una tela de araña que permite cerrar con uno más en las contras (Piqué y Lenglet se han visto en situaciones de 2×2 muchas veces y tener a Sergi Roberto es sumar un efectivo a la causa) y al mismo tiempo permite amplitud con un lateral y un extremo y profundidad con un extremo que pica al espacio entre lateral y central.

El principal problema a día de hoy es que hay tres factores que, probablemente por tiempo material, no se han corregido. El primero y más grande es el nuevo contexto de Sergi Roberto, que no sabe si debe ir o no, o quién debe cerrar el espacio que tiene por delante. Ese espacio, el que está por delante de Sergi Roberto, es de todos y de nadie. Es de Ansu Fati, pero también es de De Jong y del propio Roberto, porque dependiendo de la altura a la que esté el rival será de uno u otro. Y ese es un contexto nuevo para el canterano culé.

El segundo problema es la poca profundidad que aporta Griezmann sin balón, probablemente porque no ha jugado nunca en un equipo al que le reduzcan tanto los espacios (¿cuánto hacía que el Barça no encerraba a sus rivales como el otro día en Valencia?) y porque partiendo desde el lado izquierdo es más previsible, aunque se encuentre más cómodo. Seguramente el contexto asimétrico creado por Setién no le favorezca, pero es necesario que sea profundo para que Messi pueda tener espacio. Griezmann debe ser una amenaza real para la espalda de los defensas rivales.

El tercero es la falta de gol de su centro del campo. Ni De Jong ni Arthur, los más ortodoxos, son goleadores. Vidal, puro caos, sí lo es, y además añade velocidad de balón, pero nada de ortodoxia. Rakitic está a medio camino, y puede ser útil, pero no parece prioritario en el esquema de Setién.

Sin interiores goleadores, ni extremos que desborden y con Suárez lesionado, es complicado meter gol a no ser que te llames Leo Messi. Y ese es el principal problema que tiene Setién, por mucho que se lean tonterías sobre la posesión y se cuenten los pases. El problema es que no tiene un jugador goleador en banda ni en el medio. Y que Messi, por mucho Messi que sea, no es el Messi de 2010.

Así pues, el equipo de Setién tiene buena pinta, parafraseando al maestro holandés cuando lo dijo en la jornada 2 de liga sobre el Barça de Guardiola, en un empate a uno contra el Racing de Santander que todo el mundo vio como un horror salvo el que sabía de fútbol. El Barça no puede renegar de nuevo de la idea de Cruyff. Si Setién permite asentar unas bases de juego que (presumiblemente) Xavi pueda implementar, el Barça volverá a jugar bien y por ende, cosechar éxitos internacionales, pues el Barça solo cosecha éxitos internacionales cuando juega a ser el Barça y no el Real Madrid o el Bayern de Munich.

Esperaremos la nueva actualización de Setién, pues lo que falta está claro (más desborde, juego más posicional, más velocidad de balón), pero las bases de la ortodoxia se han vuelto a poner en Can Barça.

Una ortodoxia asimétrica, pero ortodoxia al fina y al cabo.

Que dure.

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