Tuétanos del sentimiento

Un pelo que se eriza en tu vello. Un escalofrío que recorre tu cuerpo. Un susurro al oído. Una mirada cómplice. Un roce del que salen chispas invisibles.

Un abrazo que se sostiene en el tiempo. Unos labios que encuentran otros labios. Un perfume que evoca otra época, quizá más amable.

Un gol de tu equipo. Tu canción favorita. Vídeos de animales siendo felices. Un mensaje de whatsapp de esa persona.

Esa persona. Nada más y nada menos.

Todo lo que nos provoca escalofríos son cosas puntuales, cosas que, justo por ser puntuales, son las que hacen que esta maldita vida merezca la pena. Cosas que los dioses envidian. Sentimientos, placeres, alegrías que alimentan un corazón que bombea sangre feliz de vez en cuando. Poniendo color a días grises.

Si la vida son altibajos, mejor ser altos que bajos, digo yo. Y felices, eso también.

Asi que pongamos en nuestra paleta de colores alegría que desborde edificios, sonrisas que desvíen asteorides, empatía, ternura y pasión a aquellos que lo necesiten. Exportemos sentimiento. Hasta el tuétano. Hasta la raíz. Hasta que todo cambie.

Hasta que seamos libres de todo miedo y todo mal. Hasta que seamos visceralmente animales. Hasta que podamos con todo.

Hasta que esta vida nos dé alegrías.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *