La incertidumbre del Villareal
Anda el Villareal en horas bajas en cuanto a resultados se refiere y hay algunos aficionados groguets que empiezan a impacientarse. Tras años enclavados en la élite de la liga española, verse en los últimos puestos es algo que contraría a más de uno, máxime cuando la llegada de un buen entrenador como Iñigo Pérez, que tan bien lo hizo en el Rayo Vallecano, podía seguir dando esa dosis de calidad y resultados que tanto necesita el equipo amarillo.
Pero lo que le sucede a Iñigo Pérez, más allá de los ajustes defensivos que debe hacer y que están siendo determinantes, pues el equipo se desangra en esa zona, es lo lógico tras un ciclo exitoso como el que tuvo Marcelino García Toral, logrando una buena clasificación en Liga, si bien en Champions el equipo no dio la talla.
Decimos que es lógico porque asentar unas nuevas bases siempre llevan tiempo y sembrar es complicado. El equipo de Iñigo Pérez es más propositivo que la de idea de Marcelino, y eso es un plus a la hora de actualizar la idea. Para entendernos, si el Villareal hubiera fichado a Valverde, Emery o Benítez, más cercanos en la idea de juego que Iñigo, el equipo se habría tambaleado menos. Aquí el cambio es más significativo y eso conlleva tiempo. Algo que normalmente no se tiene si eres entrenador de élite.
Eso es lo que da el ganar a un entrenador, tiempo. Tiempo para desarrollar su idea, para que no sea vista con suspicacia. Si a eso sumamos que el propio Marcelino no salió del todo contento con la directiva groguet, el caldo de cultivo está servido. Iñigo Pérez necesita un tiempo que a lo mejor los aficionados que creen que Marcelino debía seguir no se lo dan. Necesita un tiempo que sus jugadores deben darle para estabilizar la nave, jugando además competición europea. Pero sobre todo, necesita tiempo para que los directivos afines a Roig no piensen que se equivocaron dando las riendas a un entrenador joven que no tenía experiencia en Champions.
Veremos qué depara el tiempo a un buen entrenador que está creciendo. Lo que no sabemos es si el salto es grande todavía, pues Villareal exige quedar entre los cuatro primeros. Iñigo no sería el primero que viene de hacerlo bien con equipos con menos exigencias y luego vienen mal dadas (véase Machín) ni es el primero que intenta cambiar el estilo de juego y su idea sucumbe (véase Javi Gracia en Osasuna).
Es ahora, en esta encrucijada más vieja que el hilo negro, donde Iñigo Pérez debe ajustar y apostar todo a que los jugadores crean en su idea, pues las dudas surgidas no pueden crecer más si quiere llegar a junio como entrenador del Villareal. No por falta de capacidad, ni por idea de juego o gestión de vestuario, sino por tiempo. El tiempo que esas derrotas le están privando de poder no tener prisa. Y ya sabemos que las prisas en fútbol nunca traen nada bueno.


Wonker
Paolo Costa Baldi
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