Las ABP, hijas de Houdini

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La temporada 2025-206 mostró una de las caras más avanzadas de las acciones a balón parado por parte del Arsenal de Mikel Arteta. No es el primero que lo implementa pero sí uno de los que más rendimiento ha sacado cada fin de semana, donde veíamos a multitud de jugadores ubicándose en zonas cercanas al segundo palo para luego realizar movimientos. Pero las ABP, como muchas cosas en el fútbol, son engaño y artificio. Un truco para despistar al contrario. Enseñar la mano libre sin mostrar la carta que se tiene en la otra.

Para que el truco sea efectivo, tiene que parecer simple. Una sencilla organización, sin demasiadas alharacas, como por ejemplo colocarse en el segundo palo formando una línea, o esperar varios jugadores/as en la frontal del área, o tener dos jugadores/as cerca del balón para realizar un saque en corto. Las composiciones son infinitas, sólo hay que elegir una.

Es la segunda parte del truco la que varía y desconcierta (o pretende) al rival, el momento de actuar, cuando la acción se desencadena de manera furibunda y los rivales, generalmente estáticos y con menos tensión de la que deberían, van por detrás en los acontecimientos. Así, una pantalla, una ubicación por delante o un forcejeo para ganar la posición provoca que el truco ya sea imparable. Sólo falta que el lanzador/a sepa hacer lo que tiene que hacer: poner el balón donde se presupone que debe hacerlo.

Y la tercera y última parte del truco es que lo que parecía imposible ya no lo es: el gol ejecutado en perfectas condiciones. Así, todas las piezas han servido para engañar al rival haciendo creer una cosa y resultando otra distinta o, incluso, aún conociendo el truco, ser incapaces de saber cómo hacer para frenarlo.

En realidad, las ABP son más simples de lo que parecen, aunque haya mucha pompa y horas de análisis detrás. Solo necesitan tres ingredientes:

  • Un excelente lanzador/a: sin esto da igual la estrategia que se haga. Si un jugador/a no pone el balón donde debe ponerlo, todo se va al traste. Igualmente, si tienes un buen lanzador no necesitas hacer contorsionismos posicionales porque el balón solo puede caer en cuatro zonas.
  • Las cuatro zonas a ocupar: primer palo, segundo palo, zona de área pequeña y zona de rechace corto en punto de penalty son las cuatro zonas donde el peligro directo es inminente. Existe otro peligro indirecto, si el saque es en corto, como pueden ser los vértices del área grande. Si el lanzador/a pone el balón en la zona designada, la otra parte del trato es la ubicación del jugador/a en el tiempo adecuado para golpear el balón. Asimismo, defender las cuatro zonas, eligiendo el tipo de marcaje (hombre/mujer, zonal, mixto o combinado) no es ningún misterio. Es labor del entrenador (o del asistente encargado de ello) buscar la mejor organización interna para ser invulnerables.
  • El timing del jugador: como sucede en el caso del lanzador, si tienes un jugador/a que tiene el «olfato» para encontrar el momento preciso para cabecear el balón a la red, dan igual tus quince jugadas preparadas, el balón tiene que ir a esa persona porque tiene más probabilidades de hacer gol.

De hecho, en torneos cortos, debido a la presión y ansiedad que se dan en este tipo de jugadas, los porcentajes de gol aumentan. Pero en una liga, son menores. Hay que trabajar la faceta, como es obvio, pero no enloquecer o priorizarla a un modelo de juego combinativo, pues aunque la estadística es llamativa, siempre se anotarán más goles a través de pases entre compañeros/as que en un saque de esquina.

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