Poemsamientos entrañables
Hay personas entrañables. De esas que sientes con las entrañas. De las que te calientan el alma por dentro. Son, decía, gente entrañable.
Los entrañables nunca dejan de brillar, siempre están ahí presentes, persistentes, inasequibles al desaliento. Siempre están, nunca descansan.
Son así de entrañables. Les quieres ver.
Quieres ver sus entrañas arder, concretamente.
Los entrañables siempre tienen un foco en el que soltar su verborrea. Nunca están fuera del radio de información, están ahí, tejiendo, macerando, insinuando, 24 horas al día. Siempre están, nunca descansan.
Los entrañables merecen toda nuestra atención, toda. Si os fijáis, se les puede ver siempre rodeados de más personas entrañables, de un lado para otro, buscando a quien merecer. Se les puede identificar por el resto de baba adosado a sus zapatos y que marca la senda de los entrañables. Una gente verdaderamente entrañable.
Su marca es la discreción cuando no hay alguien relevante y la majestuosidad cuando la abeja reina poliniza. En ese momento es cuando abren la boca y reciben el néctar hasta atragantarse. Entonces salen corriendo a juntarse con otros entrañables, emocionados, regocijados, bendecidos.
Hay mucha gente entrañable en el mundo.
Es tu labor desentrañarlas.


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