Sobre el Barça de Flick

El primer año del Barça de Hansi Flick ha sido exitoso en cuanto a títulos e ilusión. Y es que el entrenador alemán ha conseguido tener una plantilla que ha respondido en distintas situaciones, tirando de fondo de plantilla ante tanta lesión, respondiendo con carácter tras un mes de derrotas, reorganizándose y peleando hasta el final en Europa. Es un año ilusionante. Pero un segundo año exige más.

Cuando tus jugadores son mejores que antes

El corto historial de Xavi como entrenador del Barça dio paso a la llegada de un entrenador que ya tuvo que lidiar con cambios en Munich. Nadie pone en duda la mejora que ha habido a varios niveles, pero se lee menos que la base que tenía Flick, el suelo con el que contaba, era mejor que el de Xavi. Esto no significa que fuera más fácil, pero es una verdad objetiva: un año más de Lamine Yamal, Cubarsí y Pedri es mucho a estas edades en términos de madurez. Además, el entrenador alemán no tenía que contar con el peso de ser un ídolo local, con lo cual todo era más tranquilo (si eso existe en Can Barça) a comienzo de curso, máxime si se mira al otro lado del puente aéreo donde aterrizaba Kylian Mbappé tras levantar otra Champions. Había expectativas, pero se podía construir con la calma que necesita un entrenador. Por último, la barrera del idioma permite también ser menos transparente de cara a una opinión pública que puede hacerte esclavo de tus palabras.

Con todo esto, Flick tenia que diseñar un equipo que fuera competitivo y consistente. Y lo ha logrado.

Tirar la línea al centro del campo

Las modificaciones de Flick han surtido efecto porque, en algunos casos, ha pillado por sorpresa a sus oponentes. Cuando los rivales buscaban cómo desactivar a un Barça que pudiera ser dubitativo con balón, que fuera más largo y menos asociativo, colapsado como sucedía con el Barça de Xavi acumulando demasiada gente sin tanta movilidad, Flick decidió empezar tocando pequeñas cosas, como la altura de la línea defensiva. Un equipo más junto obligaba a que los rivales fueran más precisos. Y Flick, aplicando la frase de Lillo «si quiero evitar riesgos, arriesgaré», empezó a marcar el paso a sus oponentes. Pero eso se logra con dos centrales que sean capaces de entender el juego y convencimiento de los jugadores en rectificar y correr hacia su portería cuando han sido superados. Y es que ha habido mucha diferencia en el Cubarsí-Iñigo que en otras combinaciones en las que esté Aráujo.

Pequeño incisillo (que diría el gran Miguel Maldonado) sobre Araújo: se han escrito tantas loas por gente que se sube al carro de todas las modas que ahora nadie se hace cargo del cadáver deportivo del uruguayo. Y eso habla más de los que escriben que del jugador.

Ritmo alto, precisión arriba

No ha necesitado el Barça una sucesión de 40 pases para poder establecerse en campo contrario. Tampoco parecía ser ése el objetivo, sino que a través de una salida de balón clara y unos espacios a atacar que permitían situaciones de 2×2 o 1×1 todo se reducía a ser capaz de materializarlas. Y desde luego, nadie, quizá ni él mismo, esperaba un rendimiento como el que ha tenido Raphinha en ese aspecto. Capaz de venir por dentro para sumar y sobre todo para recibir en intermedias para lanzar un tiro que se alojaba en la red de manera mucho más habitual que de costumbre, el brasileño ha crecido en confianza. Lewandowski también ha sido capaz de estar en unos buenos números, logrando 27 goles pero opacado en el pichichi por Mbappé y en las portadas por Raphinha y Lamine Yamal.

Lamine Yamal, el nuevo Picasso

Diego Velázquez se pasó la vida entera pintando como los dioses a través de nuevas técnicas, evolucionando, difuminando suelos, pintando techos y hasta el aire de una sala. Todo eso lo absorbió un imberbe Pablo Picasso para, como todo genio, coger lo que hacían los anteriores, hacerlo propio y hacerlo cuando todavía eres joven.

El Velázquez de Lamine Yamal se llama Leo Messi. Y donde el genio rosarino iba cimentando momentos inolvidables, el del barrio de Rocafonda copiaba y se apropiaba de sus formas y gestos, creando su molde a partir de los cuadros que pintaba Messi en sus campos. Le queda muchísimo para poder llegar a recorrer todo el camino, pero al menos está en el camino correcto. Pero bien haría en recordar que todo es efímero. Y si no, que se lo pregunten a Ansu Fati.

El año (ahora sí) de la llegada de Pedri

El difunto Tito Vilanova acuñó una gran frase sobre Iniesta y su tiempo a fuego lento, viniendo a decir que si el de Fuentealbilla no se asentó en el once del primer equipo hasta los 21 años, qué hacía pensar que otros sí. Los tiempos han cambiado y ahora los insolentes jóvenes culés están tomando las riendas, pero hay cosas que, por mucho que se hagan antes, no se aprenden. Como el oficio de saber gestionar a tu equipo cuando te dan los mandos.

Al canario le ha costado sobreponerse de manera constante durante estos años por razones bastante lógicas: inexperiencia al más alto nivel, lesiones, temporadas maratonianas y un equipo alrededor todavía sin florecer. Ante eso, sumado al adiós de Messi y otros compañeros, había mucho que reconstruir.

De Pedri se han leído tantas alabanzas que ahora, cuando por fin está siendo el jugador reconocible capaz de liderar a su equipo cada vez con mejor tino, resultan ridículas. En un mundo donde el entorno culé estaba deseoso de encontrar a un nuevo Iniesta y a un nuevo Messi al día siguiente, nadie se paró a pensar en que tanta alabanza desvirtúan realidades. Pedri apuntaba, ahora dispara. Y lo siguiente que tiene que hacer es disparar de manera recurrente todo su juego y ser el Motor de Juego Primario que el Barça desea. Los años anteriores eran buenos pero siempre con algún pero, este es el primer año en el que Pedri eleva sus prestaciones de manera constante.

Lo que tampoco se dice, porque no interesa o no se ve, es que tanto él como De Jong se han beneficiado del gran jugador del que se habla menos: Pau Cubarsí.

El fútbol se construye a partir de los centrales con buen pie

Nadie dirá que sin Cubarsí las prestaciones de Pedri serían mucho menores porque mucha gente practica el onanismo desbocado en redes sociales y no van a hacer un análisis profundo pensado en las ciencias de la complejidad cuando tienen una aplicación que le muestra estadísticas, eso ya lo sabemos.

Pero si se quiere un análisis más riguroso se puede comprender perfectamente que todo afecta a todo y que sin el canterano limpiando rivales para encontrar a Pedri o a Raphinha sería imposible una buena versión de éstos. Igualmente, a Cubarsí le afecta tener a Iñigo y no a Araújo, que son el día y la noche. Y que su perfil en el lado derecho del equipo culé (en vez de jugar en la izquierda como con Xavi, donde también era muy bueno), ha activado a un Jules Koundé mucho mejor que antes.

Pau Cubarsí es el secreto mejor guardado de este Barça que se está construyendo. Y al que De Jong y Pedri deben un tercio de sus prestaciones, porque un central que busque un tercer hombre para que el neerlandés o el canario reciban de cara es una cosa muy distinta  a las interminables conducciones de Frenkie o a la menor capacidad de ejercer el dominio a través del balón de Pedri (otro tercio se lo deben a aquel que hace que sus pases acaben en la red, Lamine Yamal).

Cubarsí tiene otro espejo, al igual que Pedri y Lamine, donde mirarse: Gerard Piqué. Pero en su caso tiene algunas ventajas de partida que los anteriormente citados: limpia mejor los rivales y tampoco llena portadas ni hace tanto ruido externo (de momento).

Un portero ajeno y unas eliminatorias engañosas

Se pueden seguir haciendo todas las loas que se quieran dependiendo de lo hooligan que uno sea, pues se ha ganado con solvencia la Liga, el Madrid de Mbappé no ha sido el ganador en trofeo alguno y hay un triplete doméstico que te da todas las razones si quieres justificaciones. De eso, no hay duda, todo depende de lo llena que esté la panza de cada uno.

Pero si se quiere ser juicioso (no confundir con un amargado que solo ve lo malo), hay que señalar que el Barça ha tenido un camino a recorrer en Europa relativamente sencillo, que permitía soñar con una Champions y que a la primera que se encontró un buen equipo, como fue el Inter de Inzaghi por mucho que fuera barrido en la final por el PSG, quedó eliminado. Eso sí, dando la cara, pero encajando 7 goles.

Y con un portero que, aunque al final la sensación es de felicidad global debido a los títulos, ha estado lejos. Sommer, Raya o Donnarumma han alcanzado un gran nivel en consonancia a sus equipos, pero el bueno de Szczęsny no está a ese nivel. Tiene tarea pendiente Deco para traer a un portero que, cuando llegue lo importante, sea un bastión que proteja a su equipo en las estampidas de Anfield, los minutos locos del Bernabéu o los contraataques rivales.

Addenda: Las redes sociales crean matones

Hace meses que dejé de interactuar en la red social Twitter (o, como dice el gran Facu Díaz, X para los tontos) porque no tenía intención alguna de comulgar con el fascismo. Hace poco mi móvil empezó a llenarse de mensajes de esa red y no supe bien a qué se debía hasta que buceando en las menciones vi que alguien había comentado un tweet mío de hace… un año.

Como dicen los Hora Zulú, es más fácil hablar mierda que hablar de matemáticas y mientras uno señalaban el tweet, otros disparaban insultos, lo cual reafirmó mi decisión de salir de semejante cloaca. Un modus operandi típico: alguien coge un tweet suelto, en este caso sobre el Barça de Xavi, comenta de manera inofensiva en apariencia y lanza a las hordas que esperan sedientas.

Cuídense de la mala gente en todas sus formas.

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