Sergio Busquets, el guardián entre el centeno

Sergio Busquets decide no continuar su carrera y poner punto y final a una trayectoria que nadie, ni siquiera él probablemente, hubiera pensado. De los campos de Tercera División a un sextete en poco más de año y medio, el hijo de Carles Busquets, seguramente el portero más estrambótico que ha vestido la elástica azulgrana, dice adiós a la pelota. Se retira un jugador único, aquel que siempre se encontró cómodo en el segundo plano.

Guardiola y el primer año

Tras la derrota en Soria el Barça de un joven Pep Guardiola encara su primer partido en casa ante el Racing de Santander. Un partido que acaba en 1-1 donde todas las voces culés empiezan a torcer el gesto ante un entrenador inexperto, que triunfó en Tercera pero que Primera División le queda grande. Bueno, todas, no. Johan Cruyff escribe una columna, ya histórica, donde remarca lo bien que jugó el Barça ese día. Y escribe lo siguiente sobre Busquets: » Técnicamente superior a Touré y Keita. Posicionalmente, apariencia de veterano. Con y sin balón. Con balón hizo fácil lo difícil: dar salida a uno/dos toques. Sin balón, otra lección: la de estar en el sitio justo para interceptar y recuperar corriendo lo justo. Y eso siendo joven e inexperto. Los mismos pecados que su técnico.» Cruyff, para consternación del culé acomplejado que nunca termina de estar tranquilo aunque gane todo, daba en el clavo un 15 de septiembre de hace 17 años definiendo a un crío canterano en dos líneas. Algo sabía el bueno de Johan.

A partir de ahí el equipo despegaría y la labor de Busquets, al lado de un gran jugador como Yaya Touré, sería esencial, máxime al pasar Touré a la posición de central. El primer año de Busquets como profesional es inimaginable. Muchos habrían dado toda su carrera por la mitad de lo que le pasó a Busi en el año 2009.

El mejor Busquets es el que no se ve

La máquina creada por Guardiola coge velocidad de crucero en una temporada 2010 arrolladora que sólo un partido de ida en Milán ante el Inter de Mourinho (con todos los condicionantes que hubo) impide la posibilidad de levantar la Orejona. En 2011, la gloria les sonríe de nuevo en la exhibición de su equipo en Wembley ante el Manchester United.  En todo ese tiempo, Busquets, siempre lejos de los focos, de los premios, de las alabanzas, es un eslabón indispensable. Lo mejor de Busquets siempre fue que nunca necesitó nada para ser esencial, siempre limpiando aquellas zonas despobladas, siempre cerca del compañero, siempre atento a todos los posibles fallos en el sistema colectivo culé.

Se habla a veces que el mejor Busquets fue el que tuvo que asumir responsabilidades que no le tocaban tras la salida de Xavi e Iniesta, donde su peso como jugador que daba el último pase era más acusada, pero esa apreciación es errónea por la sencilla razón de que Busquets tenía que realizar lo que antes no tocaba porque el Barça se había alejado de los postulados que le hicieron grande. Martino salvó los muebles como pudo, Luis Enrique lo engrandeció de nuevo, pero Valverde vino con otras ideas.Y Busi, como siempre, se tuvo que adaptar, al ver que sus compañeros no eran capaces de hacer algo que sí hacían los compañeros que tuvo años antes.

No molestar para que brillen otros

Se suele comentar que Busquets necesitaba una especificidad concreta para que pudiera ser relevante, como le pasaba al Guardiola jugador, pero eso es una verdad a medias. Obviamente, Busquets no ha tenido en su carrera una capacidad de traslación de balón rápida o un tiro prodigioso, pero tampoco era un torpe cuando se encontraba en otros ecosistemas. Sólo necesitaba una cosa: que el equipo viajara junto.

Por eso, cuando Del Bosque incluyó a Xabi Alonso en el once de la selección española a partir de 2010, Busquets cohabitó con él de una manera muy distinta a la que lo hacía con Xavi e Iniesta en Barcelona. Entendió que Alonso debía tener más libertad de movimiento y él seguir estando pendiente de que todo estuviera en orden. Al igual que cuando el croata Iván Rakitic llegó a Can Barça y desplazó a Xavi Hernández. Busi contaba con un compañero distinto al que había que adaptarse. Ambos equipos eran distintos al Barcelona de Guardiola pero seguían unidos por un nexo común, que era la querencia por el balón y las distancias de sus jugadores. Cuando Valverde hace saltar por los aires la organización interna que había antes, Busquets se convierte en un lanzador de pases a 30 metros, pero nunca fue su mejor cualidad. Más vistosa para aquellos que son incapaces de saber qué sucede en un partido y se fían solo de momentos puntuales del mismo.

Presión tras pérdida hacia delante

Todo el mundo en 2025 sabe de la importancia de robar la pelota al rival lo antes posible, pero no todos los pivotes son capaces de ir al robo de balón junto a sus compañeros. Y nadie como Busquets en eso, porque Busquets era capaz de saltar hacia delante igual que Xavi e Iniesta, sabedor de que, como la cordada de alpinistas, uno tira del otro y si los interiores se lanzaban como buitres al balón cuando no disponían de él, Busquets no iba a ser menos. Donde otros miraban desde la distancia, Busi avanzaba. Esa ha sido su gran contribución al fútbol, no necesariamente el primero, pero sí el que marcó el estilo de los pivotes en este principio de siglo.

Sergio Busquets, tan sencillo en el juego como complejo en la comprensión del mismo. El guardián entre el centeno que evitaba que sus compañeros se despeñaran por los precipicios.

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