Simeone y las Catilinarias
Diego Pablo Simeone va camino de su decimoquinta temporada a finales de 2025, lejos todavía de las longevas temporadas de Sir Álex Ferguson y ya no digamos de Guy Roux en el Auxerre (44 años en el cargo le avalan), pero con la sensación de desgaste acumulado. Demasiados sinsabores últimamente y la sensación de que el equipo necesita otra vuelta de tuerca.
Si uno analiza la figura del Cholo desde varios puntos de vista verá que es una jugada ganadora para todas las partes: la afición se entrega con pasión a uno de sus ídolos en el campo, ahora en el banquillo, la directiva respira porque tiene un parapeto antes de que la opinión pública les señale, los jugadores saben que les entrena un tótem colchonero y el propio Simeone sabe que va a tener en el conjunto del Manzanares (esté donde esté jugando el Atleti siempre será el equipo del Manzanares) unas condiciones que no se van a dar en otro club en cuanto a compromiso, dinero y recursos. En definitiva, todo ha salido bien con su fichaje.
Y ha tenido sus buenos momentos. Aprovecha al comienzo de su llegada una dinámica positiva para hacerse fuerte poco a poco, vuelve a situar al Atlético de Madrid cerca de las posiciones de cabeza y en Europa empieza a ser un equipo que levanta trofeos, como la Europa League o la Supercopa de Europa. Conquista una liga que parecía ya olvidada, una Copa del Rey y pierde dos finales de Champions de manera cruel (pequeño incisillo a lo Miguel Maldonado: el Atlético de Madrid ha jugado tres finales de Copa de Europa/Champions League y no ha ganado ninguna de las tres sin haber perdido en lo primeros 90 minutos, ver para creer). Simeone da títulos en un lustro largo al Atlético de Madrid, pero las cosas van haciéndose cada vez más espesas.
Si miramos los números (algo que por mucho que se diga, vale de poco, ya saben lo que decía Lillo sobre las estadísticas), el Atlético de Madrid no ha pasado de cuartos de final de Champions desde la campaña 2016-2017. En Liga, teniendo a dos colosos como Madrid y Barça, levantar un título es muy difícil, y en mi opinión muy pocos aficionados colchoneros andan obsesionados con la Liga, sabedores de lo que tienen cerca. No son tanto los números como el posible hastío, la pesadez de la rutina.
Puede que el aficionado colchonero se esté cansando del juego del Atlético como se cansaba Cicerón de las conspiraciones de Catilina para ser cónsul romano. Puede que el entrenador argentino no esté dando con la tecla y siga persistiendo en su idea, quizá poco vistosa, pero que puede dar sus frutos en el futuro, como pensaba Catilina al unirse a Manlio. Puede también que, en un momento dado, alguien le pueda recordar al Cholo las palabras de Cicerón: Quousque tandem abutere, Simeone, patientia nostra? (segundo incisillo a lo Maltorres: defiendan las Humanidades).
¿Estarán los aficionados colchoneros impacientes por un cambio? ¿Estará Simeone con las suficientes ganas por seguir peleando cada título? Parece que en el conjunto atlético hay una doble convivencia: la que, por un lado, acepta su rol de tercer equipo en la disputa de títulos domésticos y la que, por contra, exige estar más cerca de Madrid y Barça. Y que, cuando eso no pasa, va a intentar al menos encontrar cierta alegría en el juego del equipo. La pregunta que habría que hacer al aficionado colchonero es, si en todos estos años, el juego del equipo de Simeone les ha gustado.
Simeone no es Guardiola ni practica el juego de posición (algo que quedó claro en su visita a Barcelona cuando comentó, con razón, que él no sentía esa manera de jugar), tampoco tiene la necesidad de ganar cada partido como puede ser la urgencia del Real Madrid, donde un empate ya es un gesto torcido. No parece que haya habido una evolución en la propuesta más allá de movimientos tácticos que han desembocado en una línea de 5 jugadores que surtió un efecto momentáneo pero que encorseta en gran medida los siguientes movimientos del equipo. El fútbol de los entrenadores y sus ideas está cambiando relativamente rápido. Si hasta el Real Madrid tiene un entrenador que apuesta por el Juego de Posición (algo impensable en Chamartín), ¿qué tipo de actualización va a realizar Simeone para que su equipo sea competitivo de nuevo?
En alguna rueda de prensa el entrenador argentino ha tenido que «justificar» la capacidad de poder optar a un título. En la última temporada, sus incorporaciones han sido de gran nivel, pero no ha encontrado ninguna posibilidad de luchar por la Liga. En Europa, otra vez ante el Real Madrid, volvió a sucumbir. Y ese es otro factor que también puede pesar: la terrible losa que es perder dos finales de Champions League contra el eterno rival y que en el imaginario colectivo colchonero se vea como una tarea imposible poder superar al Real Madrid desde el aspecto psicológico.
El desgaste de un entrenador de élite es enorme. Catorce temporadas seguidas pasan factura. Veremos qué decide Simeone, renovado hasta 2027, en el que parece ser un nuevo proyecto que despegue una vez asentados los nuevos fichajes. Esperaremos a que ruede el balón para evaluar la propuesta de Simeone. Quizá sepamos ya lo que puede pasar, viendo las temporadas anteriores. Siempre habrá ilusión, pero, si se desvanecen la opción de títulos pronto, puede que los aficionados empiecen a recordar de nuevo las palabras de Cicerón.


Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!